Ocho grandes 8 del fútbol argentino
PEPE BASUALDO
PEPE BASUALDO
Hace pocos días mi hijo de siete años me preguntó: “Papá,
si fueras un superhéroe ¿cuál súper poder te gustaría tener?” En ese momento le
contesté súper fuerza o algo así, pero no conforme con eso me quedé pensando y
llegué a la conclusión de que de ser un superhéroe me hubiese gustados ser
Súper Pepe.
José Horacio Basualdo tenía un súper poder: la tele-transportación. Cuando el equipo salía por la derecha con el 2 y el 4 él estaba
para hacer la triangulación; si salían con el 6, el 3 y el 5, se arrimaba para
crear superioridad numérica. Si el arquero la reventaba al cielo, recibía de
frente la segunda jugada; cambio de frente… Pepe; pase en profundidad… Pepe;
centro a la olla… despeje…
Jugó el Mundial-90 luego de ascender con Mandiyú, algo
que no va a volver a suceder jamás en el fútbol argentino. Su polifuncionalidad
lo hizo uno de los preferidos de Bilardo. En el episodio conocido como: “La pastilla
de Branco” sale en primera plana, otro mérito de Pepe compatible con el
bilardismo: saber hacerlas de callado.
Al año siguiente se fue a jugar al país que le había
quitado la posibilidad de ser campeón del Mundo: Alemania. En Stuttgart se
desencontró con su juego y volvió a Racing para luego pasar a Vélez, donde
llegarían los años dorados. Pero antes se dio un lujito con la Celeste y
Blanca: ganar la Copa América del 93, el último título de la selección.
Entre el 93 y el 95 ganó todo con el Vélez de Bianchi. Como
si se tratara de un trabalenguas, ahí tuvo su juego más veloz. Pasó por el Boca de Bilardo, donde duró poco, y se fue
otra vez a Europa, España en este caso. Pero como buen profeta regresó y para no cambiar tanto se enlistó en las filas del Deportivo Español.
Cuando Bianchi llegó a Boca lo llamó y fue, formando
parte de una medular gloriosa con Serna y Cagna, el otro 8, los tres por detrás
de Riquelme. Cuarenta partidos sin perder, Apertura 98, Clausura 99 y Apertura
2000; Copa Libertadores e Intercontinental. Todo lo hizo con una sola marcha. Luego de vencer al Real Madrid se fue a Vélez y de ahí a Villa Dálmine, club de su Campana natal que le dio la bienvenida y lo despidió del fútbol. Como técnico sigue siendo un trotamundos.
Basualdo era en un solo jugador toda la Naranja Mecánica holandesa, un interior inquieto con el vuelo de Kedhira. En total rompió varios cuenta kilómetros y sumó a la tarjeta vueltas completas a la Tierra, entre goles a rastrón con pelota movida, pases perfectamente al pie, copas y medallas para el mejor peor jugador que se haya visto jamás, con permiso de Popovich y Fabri Oberto.
El Futbolólogo
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