domingo, 11 de julio de 2021

 

EL EQUIPO DE LIO



Argentina ganó la Copa América y emparejó a Uruguay con quince títulos. En un cotejo vibrante, venció a los fantasmas de las finales perdidas ante Brasil, de los partidos que fue ganando en el torneo y le empataron, de la quinta vez que Messi pudiera aparecer en la foto llorando. Lejos de analizar un partido trabado, prefiero ir con los protagonistas de la mejor noticia del año a nivel mundial:

Emiliano Martínez: Hallazgo inigualable de Scaloni que se la jugó dejando afuera a Armani, capaz de hacerte una atajada salvadora contra tres o cuatro errores por partido. Dibu es un arquero de 90 minutos, juega mejor con los pies, no da rebote, arriesga en los córner y ataja penales. Claro que en todo el torneo nadie lo pudo probar en un mano a mano (el gran talento de Aramani).  Buena atajada a Richarlison a los 8´ del segundo tiempo, fenomenales reflejos estilo Fillol a Gabi Gol en el 42´. Tener un arquero seguro y con personalidad definitivamente cambia la ecuación.

Montiel: Uno de los cambios de la final. Con menos proyección que Molina, su inclusión fue para hacer contrapeso con Acuña en el lateral izquierdo. Una buena de Scaloni esto de armar parejas de laterales atacantes (Molina-Acuña) con marcadores de punta (Montiel-Tagliafico) acorde con lo que pide el partido. Montiel jugó en la zona de los habilidosos Neymar y Fred y le costó sangre en las piernas.

Romero: Segundo cambio de la final. Demasiado confiado en sí mismo, arriesgó con pases interiores al arquero y al otro central que complicaron más de una vez. Como central ofició de Tata Brown. Es más defensor que Pezzela y mejor cabeceador que Martínez Quarta. Acabó lesionado y suplantado por el primero de los dos, que cumplió bien en la zona crítica del partido. Romero perfila como titular en el puesto de 2. Tiene que arreglar ese asunto de los pases atrás, jugar más por afuera o reventarla, de última, para no complicar.

Otamendi: Debutó con Maradona en aquella goleada de Brasil en Rosario, haciendo pareja con Domínguez, los dos de Vélez. Fue lateral izquierdo en el 4-0 de Alemania y con Sabella su puesto se lo quedó Garay. Tras la renuncia de éste, se recibió de stopper. Su rendimiento altibajo alterna partidazos, como el de anoche, con errores temperamentales. No obstante, es el caudillo de la defensa, capaz de salir a chocar como un tren a Neymar y levantarlo del piso para que no simule. Un futbolista de recorrido sabe lo que tiene que hacer para anular psicológicamente al rival, para que pierda los papeles y se dedique a otra cosa en vez de jugar.

Acuña: Es el vasco Olarticoechea de Scaloni. Recorre todo el lateral y apoya a los volantes. Es el mejor carrilero que tenemos, limpiando las jugadas desde atrás. Controla bien los pases, siendo una garantía para los cambios de frente. En defensa asume las responsabilidades sin demasiada espectacularidad, pero con solvencia.

Paredes: Llama la atención su oficio de 5 siendo que no tuvo formación en él. Me refiero a su timing para saber cortar la jugada a tiempo. Es fuerte, hace acordar un poco a Redondo con la pelota en los pies. Fue sustituido por Guido Rodríguez a causa de una amarilla en un momento del partido en el que era necesario frenar los ataques de Brasil.

De Paul: Si Paredes es Redondo, De Paul es Simeone, el jugador de mayor despliegue, el listo del equipo ¿Qué erró su penal ante Colombia? Sí, pero también erraron Maradona y Messi. Tiene tantas ganas de jugar que no le importa el puesto. Siempre elige la mejor opción de pase. Maneja los tiempos, se asocia, descarga, presiona, pica. A esta selección le faltaba un tipo que vaya para adelante, que contagie. Sobre todo a Messi.

Lo Celso: Demasiado habilidoso como para presionar, Giovanni dejó su puesto natural de enganche para convertirse en un 8 por izquierda. El resultado es un Bochini marcando al 10, un híbrido. De ahí que su rendimiento y el del equipo sea intermitente a la hora de generar juego, ya que él es el único pasador de oficio en el medio. Su calidad se notó cada vez que pudo meter una pelotita filtrada a los delanteros. Con una amarilla a cuestas, fue sustituido por Tagiafico a los 10´ del segundo tiempo, armándose así una defensa de cuatro con dos laterales de oficio y subiendo a Acuña para armar un medio campo con Di María, De Paul, Paredes y Él.

Di María: A sus 33 años se convirtió en el revulsivo de esta selección, en el picante de segundo tiempo. En un equipo cuyo fuerte es la presión arriba, el físico no le daba para los 90 minutos. Por eso su inclusión de arranque fue sorpresiva y hasta discutida. Sin embargo, fue providencial dado que marcó el único gol del partido. Fue sustituido a los 35´ del segundo tiempo por Palacios, quedando el medio armado con De Paul, Palacios, Guido Rodríguez y Acuña, dos líneas de cuatro bien armadas para aguantar los últimos diez minutos y frustrar la posibilidad del alargue.

Lautaro Martínez: Jugó lejos del arco, como Caniggia ante Brasil en Italia-90. Pero a diferencia de Cani, El Toro no tiene su velocidad y pierde brillo. Con un equipo tan preocupado por no recibir goles, su tarea fue correr a los cuatro del fondo de Brasil. Antes del final de la primera parte ya se le había acabado la nafta. Uno de los puntos negativos de Scaloni es no haberle podido conseguir hasta ahora un compañero de características complementarias, dado que Messi solo ayuda en la presión si ve la posibilidad de robar. En la anterior Copa América, Agüero parecía ser la pareja ideal, pero hoy el Kun tampoco está para correr. Si el planteo va a ser un 4-4-2 con Messi arriba, que se sepa que La Pulga trabajó el sistema con delanteros o bien de despliegue (Higuaín, Suárez) o bien mejor dotados técnicamente (Agüero, Neymar). Pero si Messi va a jugar detrás del 9, los del costado tienen que patear más al arco para dejar a Lautaro en situación de caza goles.

Messi: Nos dio la alegría de poder alegrarnos por él. Se comió un gol increíble al final, pero ya fue. Estuvo a la altura del torneo y hasta los brasileños, tan enconados con Bolsonaro y los gastos de la Copa, se alegraron de que fuera él quien la levantara. Con un 83% de injerencia en este título, marcó 4 goles y 6 asistencias de un total de 12 tantos a favor de Argentina. Nada mal para un tipo de 34 años en un torneo que se caracteriza por su fricción y por el mal estado de los campos. Los datos siguen siendo sus mejores amigos a la hora de la comparación. Valdano alguna vez dijo de Kempes que no fue mejor porque él mismo nunca lo decía. Igual que Leo, el más grande sin tener que afirmarlo en voz alta.

Scaloni: Sobre el final incluyó a Nico González para suplir a Lautaro Martínez. El cambio no fue pieza por pieza, sino devolver la presión arriba. Además, el de la Fiorentina cabecea bien y un centro llovido podía cerrar la victoria. La lectura del partido ha sido ejemplar teniendo en cuenta la condición del equipo de no haber podido superar la materia de asegurar los partidos. Con los elementos que contaba, liquidó el resultado haciendo bien las sustituciones. Solo le falta aprender a usarlas “para ganar” y no “para aguantar”. 

No tener el puesto asegurado le dio a este cuerpo técnico el baño de humildad necesario para enterrar el fantasma de Sampaoli y el club de los amigos. La Copa Confederaciones será un buen escenario para ajustar tuercas de cara al Mundial. Pensar que Maradona no lo quería. En cualquier momento se baja de una nube para abrazarlo.  


EL FUTBOLÓLOGO

jueves, 8 de julio de 2021

NO LIMPIEN LAS REDES


Había una vez un pescador llamado Simón que estaba limpiando las redes. Venía de estar toda la noche en el río. Entonces se apareció un flaco y le dijo: Tirá allá que hay pescado. El tipo lo miró. Como el otro seguía no tuvo más remedio que decirle: Mire maestro, soy pescador viejo y estuve acá de las 8 de la noche a las 7 de la mañana y no hay nada. Sí, pero allá, allá, insistía el otro. Justo cuando lo iba a embocar, pensó que mejor no meterse en líos y tiró una vez más. Y las redes se llenaron de peces.   

Se hicieron amigos. El flaco le puso de sobrenombre Pedro y le dijo que a partir de ahora sería pescador de hombres. Pedro le decía El Maestro. Juntos armaron un equipo de once donde El Maestro era el DT y Pedro su ayudante. El Maestro  hablaba raro y como el equipo no creía mucho en él empezó a hacer milagros. Curó ciegos, leprosos, paralíticos. Un día resucitó a un muerto y hasta se apareció caminando en el agua: Vení Pedro, le dijo, caminá conmigo. ¡Pero yo no puedo Maestro! ¿Cómo que no, no te acordás cuando estabas limpiando las redes? Vení. Y Pedro fue y caminó en el agua. Y la gente empezó a gritar que aquello era cosa de mandinga. Y Pedro se asustó y se hundió. Viste, le dijo, eso te pasa por creerle más a ellos que a mí.

Una noche El Maestro dio la última charla técnica. Les limpió los pies a todos y les dijo que no faltaba mucho para que lo asesinaran. También que uno de ellos lo iba a traicionar. ¿Quién? dijo Pedro. Tranquilo. ¿Cómo que tranquilo? Decime, decime! No Pedro, para que sepas vos también me vas a negar ¿Yo? Si, vos Pedro. Tranquilo. Es así.

Al otro día vino la policía y se  llevó  al Maestro. Pedro los siguió e intentó ayudarlo. Pero una señora dijo ¡Este también andaba con ellos! Lo agarraron ¡Pará loco, hay un error! dijo Pedro. Yo los vi, repitió la señora. Y viendo que su destino era la cruz hizo lo último que le quedaba: putear a la señora. Entonces los otros dijeron: No, este no es. Lo soltaron y Pedro se quedó ahí, solo, atónito mirando el suelo. Había negado a su mejor amigo en el momento más difícil ¡Él era el traidor! La depresión lo llevó al río, del que nunca debió salir. Había vuelto a ser Simón.

Al domingo siguiente estaba limpiando las redes cuando una voz dijo: Allá hay pescado. Pedro abrió los ojos pero no quería mirar. Soy yo, dijo el reflejo del Maestro en el agua. No quería que murieras porque vos no podés resucitar,  por eso te hice negarme tres veces. Y te puse Pedro, que significa piedra, porque tu misión es la más importante: serás el encargado de poner la primera piedra en Roma. No me aflojes ¿entendiste? Ahora me voy porque el sábado juega un muchacho. Se llama Messi y quiero ayudarlo. Éste tipo es un porfiado Pedro, no sabés. No abandona nunca. No sabe lo que es limpiar las redes.



El Futbolólogo