jueves, 8 de julio de 2021

NO LIMPIEN LAS REDES


Había una vez un pescador llamado Simón que estaba limpiando las redes. Venía de estar toda la noche en el río. Entonces se apareció un flaco y le dijo: Tirá allá que hay pescado. El tipo lo miró. Como el otro seguía no tuvo más remedio que decirle: Mire maestro, soy pescador viejo y estuve acá de las 8 de la noche a las 7 de la mañana y no hay nada. Sí, pero allá, allá, insistía el otro. Justo cuando lo iba a embocar, pensó que mejor no meterse en líos y tiró una vez más. Y las redes se llenaron de peces.   

Se hicieron amigos. El flaco le puso de sobrenombre Pedro y le dijo que a partir de ahora sería pescador de hombres. Pedro le decía El Maestro. Juntos armaron un equipo de once donde El Maestro era el DT y Pedro su ayudante. El Maestro  hablaba raro y como el equipo no creía mucho en él empezó a hacer milagros. Curó ciegos, leprosos, paralíticos. Un día resucitó a un muerto y hasta se apareció caminando en el agua: Vení Pedro, le dijo, caminá conmigo. ¡Pero yo no puedo Maestro! ¿Cómo que no, no te acordás cuando estabas limpiando las redes? Vení. Y Pedro fue y caminó en el agua. Y la gente empezó a gritar que aquello era cosa de mandinga. Y Pedro se asustó y se hundió. Viste, le dijo, eso te pasa por creerle más a ellos que a mí.

Una noche El Maestro dio la última charla técnica. Les limpió los pies a todos y les dijo que no faltaba mucho para que lo asesinaran. También que uno de ellos lo iba a traicionar. ¿Quién? dijo Pedro. Tranquilo. ¿Cómo que tranquilo? Decime, decime! No Pedro, para que sepas vos también me vas a negar ¿Yo? Si, vos Pedro. Tranquilo. Es así.

Al otro día vino la policía y se  llevó  al Maestro. Pedro los siguió e intentó ayudarlo. Pero una señora dijo ¡Este también andaba con ellos! Lo agarraron ¡Pará loco, hay un error! dijo Pedro. Yo los vi, repitió la señora. Y viendo que su destino era la cruz hizo lo último que le quedaba: putear a la señora. Entonces los otros dijeron: No, este no es. Lo soltaron y Pedro se quedó ahí, solo, atónito mirando el suelo. Había negado a su mejor amigo en el momento más difícil ¡Él era el traidor! La depresión lo llevó al río, del que nunca debió salir. Había vuelto a ser Simón.

Al domingo siguiente estaba limpiando las redes cuando una voz dijo: Allá hay pescado. Pedro abrió los ojos pero no quería mirar. Soy yo, dijo el reflejo del Maestro en el agua. No quería que murieras porque vos no podés resucitar,  por eso te hice negarme tres veces. Y te puse Pedro, que significa piedra, porque tu misión es la más importante: serás el encargado de poner la primera piedra en Roma. No me aflojes ¿entendiste? Ahora me voy porque el sábado juega un muchacho. Se llama Messi y quiero ayudarlo. Éste tipo es un porfiado Pedro, no sabés. No abandona nunca. No sabe lo que es limpiar las redes.



El Futbolólogo

No hay comentarios:

Publicar un comentario