viernes, 25 de marzo de 2022

¿POR QUÉ ITALIA NO VA AL MUNDIAL? 




En psicología existe una línea llamada constelaciones familiares, del psicoanalista Bert Hellinger. La misma trabaja los órdenes del amor en la familia, siendo la armonía el resultado del respeto de dicho orden y la desarmonización, un efecto de su desobediencia. Cada parte debe estar en su sitio, cumplir una misión, igual que en un equipo de fútbol. La resistencia a la ley implica la fuga de energía vital para el mantenimiento del espíritu de conjunto.

La teoría de constelaciones familiares es una manera simbólica de explicar por qué Italia quedó afuera de la Copa Mundial de Qatar 2022. Pero antes habría que dar dos o tres ejemplos

Todo el mundo habla del buen momento que vive River Plate desde la llegada de Marcelo Gallardo. Desde el punto de vista de la teoría psicológica de la que hablamos, esa transformación no habría sido posible sin el apoyo del mánager del equipo, Enzo Francéscoli, que debutó en esa función. El ídolo llegó de la mano del presidente Rodolfo D´Onofrio, quién a su vez lo usó para ganar las elecciones. La combinación de los tres es a lo que llamaríamos simbólicamente “orden del amor”. El proyecto Gallardo se respalda en la confianza del mánager, quién es respaldado por el presidente, igual que un abuelo da confianza a su hijo, quién, a su vez, se la da al nieto.

Un ejemplo más intrincado pero interesante por tener parecido con Italia en cuanto a lo histórico, es el del Barcelona de Pep Guardiola, para muchos el mejor equipo de todos los tiempos. Barcelona es la capital de Cataluña y el Barςa, según Manuel Vázquez Montalván en Fútbol, una religión en busca de un Dios, es “el ejército desarmado de Cataluña”. ¿Cómo se entendería esto? La región intentó independizarse varias veces de España. Entre 1618 y 1648 se produjo la Guerra de los Treinta Años que acabaría con la independencia de los Países Bajos (Holanda, en futbolero). Durante la misma, el reino de Francia, que estaba rodeado de España y Alemania, unidas bajo un mismo imperio (también hablando en futbolero), apoyó la independencia de Cataluña. Pero ésta no se dio y desde entonces los catalanes admiraron siempre a los holandeses, al punto de autoproclamarse “la Holanda del Mediterráneo”. 

Es cierto que hay muchas cosas en la forma de vida de ambos territorios que son parecidas. Siglos después, los intentos de independencia resurgieron, pero fueron sofocados y en 1973 el fútbol consiguió lo que la política negaba: el Barςa contrata al mejor jugador del mundo, Johan Cruyff. El holandés reconstruye el orgullo con victorias y gestos como el de ponerle Jordi a su hijo, nombre prohibido en ese entonces en España por ser catalán. Tras el retiro, Cruyff sería el DT ganador de la primera Copa de Europa del FC Barcelona en 1992, cambiando para siempre la forma de trabajo del club, que se enfocaría más en priorizar la subida de jugadores de inferiores que en la contratación de futbolistas de otros clubes. 

El Barςa forjó desde entonces un estilo de juego holandés valiéndose en la posesión del balón y de ese semillero surgió Pep Guardiola como discípulo de Cruyff. Once años más tarde, el abogado de él, Joan Laporta, fue elegido presidente. Declarado cruyffista, contrató a Rijkaard, con quien el equipo ganará la segunda Copa de Europa (Champions League). En 2008, Josep Guardiola, con Cruyff de mánager y el catalanista Laporta en el despacho, asumió la conducción del equipo, compuesto de excelentes prospectos de La Masía como Valdéz, Puyol, Piqué, Xavi, Iniesta y Messi. Los planetas se alinearon y lo demás es historia, al punto que el sentimiento de superioridad barcelonista se convirtió en catalanista, con un nuevo intento de independencia.

Ejemplos como el de River de Gallardo o el del Barcelona de Guardiola sirven tanto como el del Atlético del Cholo o el Inter de Mourinho, a quién se lo comparó con Helenio Herrera. Hay muchísimo de ellos en los que el triunfo marcó el camino hacia la tradición por la huella que dejó, y es en el retorno a esa huella que encontramos cierta línea de proyecto. Cuando se trata de una selección, la cosa se hace más larga porque el fútbol se mezcla con la patria, cuyos valores por lo general son anteriores.

“La condición de Italia es femenina” dijo Gianni Briera, citado por Segurola en la edición 2011 de Fútbol. Dinámica de lo impensado de Panzeri. “Su misión es preservarse y defenderse”, como lo hizo Roma durante los mil años que duró la Edad Media. Esa condición defensiva tiene nombre en el fútbol: catenaccio o cerrojo, llevada a la cúspide en los años sesenta con el Milan de Nereo Rocco y el Inter de Herrera. Catenaccio y contrapiede fue el que practicó la selección de Bearzot en la segunda ronda del Mundial de España 82; el mismo que le posibilitó a la Azzurra de Lippi ganar una semifinal inolvidable en Alemania 2006. Los arqueros italianos, desde Zoff a Buffon, y los líberos, de Scirea y Baresi a Cannavaro, jamás contaron con una delantera que valiera lo que ellos, con la única excepción de Riva, Paolo Rossi, Rivera o Baggio, o de arquitectos como Antognoni o Pirlo, u obreros a la medida de Tardelli o Gatusso. Armada de atrás para adelante, solo Verratti tiene cierta calidad en esta selección, Chiellini o Bonucci en la defensa, pero nada más. 

Italia ha cambiado su manera de ver el fútbol, asumámoslo. Cree que debe copiar al Barcelona o a la Holanda del 74 cuando su historia ha sido siempre la de aguantar y hacerse fuerte, esperar y contragolpear como Rocky ¿sino de dónde viene el famoso Forza Italia? Las teorías sobre el catenaccio abundan, desde las que van hacia la pérdida de aquel super equipo llamado Torino, que en los años cuarenta ganó todo e inspiró a otros. Hasta incluso en el ´47 la selección llegó a presentarse con diez jugadores del Toro más un arquero de la Juventus (Italia 3 – Hungría 2). La tragedia de Superga acabó con la vida de esos jugadores y el estilo defensivo de La Salermitana recién ascendida, y sus triunfos ante los grandes de la Serie A, incluido aquel Torino, inspiró al cerrojo. La pillería de los campeones mundiales del 34 y el 38, unida a la mente táctica de Pozzo, fue otra fuente.

Habrá muchas razones de porqué Italia cae últimamente en primeras rondas o no va a los Mundiales. Pero para la constelación la historia futbolística y la tradición del país deben ir juntas, sino los planetas se desordenan y los equipos pierden.


El Futbolólogo

domingo, 11 de julio de 2021

 

EL EQUIPO DE LIO



Argentina ganó la Copa América y emparejó a Uruguay con quince títulos. En un cotejo vibrante, venció a los fantasmas de las finales perdidas ante Brasil, de los partidos que fue ganando en el torneo y le empataron, de la quinta vez que Messi pudiera aparecer en la foto llorando. Lejos de analizar un partido trabado, prefiero ir con los protagonistas de la mejor noticia del año a nivel mundial:

Emiliano Martínez: Hallazgo inigualable de Scaloni que se la jugó dejando afuera a Armani, capaz de hacerte una atajada salvadora contra tres o cuatro errores por partido. Dibu es un arquero de 90 minutos, juega mejor con los pies, no da rebote, arriesga en los córner y ataja penales. Claro que en todo el torneo nadie lo pudo probar en un mano a mano (el gran talento de Aramani).  Buena atajada a Richarlison a los 8´ del segundo tiempo, fenomenales reflejos estilo Fillol a Gabi Gol en el 42´. Tener un arquero seguro y con personalidad definitivamente cambia la ecuación.

Montiel: Uno de los cambios de la final. Con menos proyección que Molina, su inclusión fue para hacer contrapeso con Acuña en el lateral izquierdo. Una buena de Scaloni esto de armar parejas de laterales atacantes (Molina-Acuña) con marcadores de punta (Montiel-Tagliafico) acorde con lo que pide el partido. Montiel jugó en la zona de los habilidosos Neymar y Fred y le costó sangre en las piernas.

Romero: Segundo cambio de la final. Demasiado confiado en sí mismo, arriesgó con pases interiores al arquero y al otro central que complicaron más de una vez. Como central ofició de Tata Brown. Es más defensor que Pezzela y mejor cabeceador que Martínez Quarta. Acabó lesionado y suplantado por el primero de los dos, que cumplió bien en la zona crítica del partido. Romero perfila como titular en el puesto de 2. Tiene que arreglar ese asunto de los pases atrás, jugar más por afuera o reventarla, de última, para no complicar.

Otamendi: Debutó con Maradona en aquella goleada de Brasil en Rosario, haciendo pareja con Domínguez, los dos de Vélez. Fue lateral izquierdo en el 4-0 de Alemania y con Sabella su puesto se lo quedó Garay. Tras la renuncia de éste, se recibió de stopper. Su rendimiento altibajo alterna partidazos, como el de anoche, con errores temperamentales. No obstante, es el caudillo de la defensa, capaz de salir a chocar como un tren a Neymar y levantarlo del piso para que no simule. Un futbolista de recorrido sabe lo que tiene que hacer para anular psicológicamente al rival, para que pierda los papeles y se dedique a otra cosa en vez de jugar.

Acuña: Es el vasco Olarticoechea de Scaloni. Recorre todo el lateral y apoya a los volantes. Es el mejor carrilero que tenemos, limpiando las jugadas desde atrás. Controla bien los pases, siendo una garantía para los cambios de frente. En defensa asume las responsabilidades sin demasiada espectacularidad, pero con solvencia.

Paredes: Llama la atención su oficio de 5 siendo que no tuvo formación en él. Me refiero a su timing para saber cortar la jugada a tiempo. Es fuerte, hace acordar un poco a Redondo con la pelota en los pies. Fue sustituido por Guido Rodríguez a causa de una amarilla en un momento del partido en el que era necesario frenar los ataques de Brasil.

De Paul: Si Paredes es Redondo, De Paul es Simeone, el jugador de mayor despliegue, el listo del equipo ¿Qué erró su penal ante Colombia? Sí, pero también erraron Maradona y Messi. Tiene tantas ganas de jugar que no le importa el puesto. Siempre elige la mejor opción de pase. Maneja los tiempos, se asocia, descarga, presiona, pica. A esta selección le faltaba un tipo que vaya para adelante, que contagie. Sobre todo a Messi.

Lo Celso: Demasiado habilidoso como para presionar, Giovanni dejó su puesto natural de enganche para convertirse en un 8 por izquierda. El resultado es un Bochini marcando al 10, un híbrido. De ahí que su rendimiento y el del equipo sea intermitente a la hora de generar juego, ya que él es el único pasador de oficio en el medio. Su calidad se notó cada vez que pudo meter una pelotita filtrada a los delanteros. Con una amarilla a cuestas, fue sustituido por Tagiafico a los 10´ del segundo tiempo, armándose así una defensa de cuatro con dos laterales de oficio y subiendo a Acuña para armar un medio campo con Di María, De Paul, Paredes y Él.

Di María: A sus 33 años se convirtió en el revulsivo de esta selección, en el picante de segundo tiempo. En un equipo cuyo fuerte es la presión arriba, el físico no le daba para los 90 minutos. Por eso su inclusión de arranque fue sorpresiva y hasta discutida. Sin embargo, fue providencial dado que marcó el único gol del partido. Fue sustituido a los 35´ del segundo tiempo por Palacios, quedando el medio armado con De Paul, Palacios, Guido Rodríguez y Acuña, dos líneas de cuatro bien armadas para aguantar los últimos diez minutos y frustrar la posibilidad del alargue.

Lautaro Martínez: Jugó lejos del arco, como Caniggia ante Brasil en Italia-90. Pero a diferencia de Cani, El Toro no tiene su velocidad y pierde brillo. Con un equipo tan preocupado por no recibir goles, su tarea fue correr a los cuatro del fondo de Brasil. Antes del final de la primera parte ya se le había acabado la nafta. Uno de los puntos negativos de Scaloni es no haberle podido conseguir hasta ahora un compañero de características complementarias, dado que Messi solo ayuda en la presión si ve la posibilidad de robar. En la anterior Copa América, Agüero parecía ser la pareja ideal, pero hoy el Kun tampoco está para correr. Si el planteo va a ser un 4-4-2 con Messi arriba, que se sepa que La Pulga trabajó el sistema con delanteros o bien de despliegue (Higuaín, Suárez) o bien mejor dotados técnicamente (Agüero, Neymar). Pero si Messi va a jugar detrás del 9, los del costado tienen que patear más al arco para dejar a Lautaro en situación de caza goles.

Messi: Nos dio la alegría de poder alegrarnos por él. Se comió un gol increíble al final, pero ya fue. Estuvo a la altura del torneo y hasta los brasileños, tan enconados con Bolsonaro y los gastos de la Copa, se alegraron de que fuera él quien la levantara. Con un 83% de injerencia en este título, marcó 4 goles y 6 asistencias de un total de 12 tantos a favor de Argentina. Nada mal para un tipo de 34 años en un torneo que se caracteriza por su fricción y por el mal estado de los campos. Los datos siguen siendo sus mejores amigos a la hora de la comparación. Valdano alguna vez dijo de Kempes que no fue mejor porque él mismo nunca lo decía. Igual que Leo, el más grande sin tener que afirmarlo en voz alta.

Scaloni: Sobre el final incluyó a Nico González para suplir a Lautaro Martínez. El cambio no fue pieza por pieza, sino devolver la presión arriba. Además, el de la Fiorentina cabecea bien y un centro llovido podía cerrar la victoria. La lectura del partido ha sido ejemplar teniendo en cuenta la condición del equipo de no haber podido superar la materia de asegurar los partidos. Con los elementos que contaba, liquidó el resultado haciendo bien las sustituciones. Solo le falta aprender a usarlas “para ganar” y no “para aguantar”. 

No tener el puesto asegurado le dio a este cuerpo técnico el baño de humildad necesario para enterrar el fantasma de Sampaoli y el club de los amigos. La Copa Confederaciones será un buen escenario para ajustar tuercas de cara al Mundial. Pensar que Maradona no lo quería. En cualquier momento se baja de una nube para abrazarlo.  


EL FUTBOLÓLOGO

jueves, 8 de julio de 2021

NO LIMPIEN LAS REDES


Había una vez un pescador llamado Simón que estaba limpiando las redes. Venía de estar toda la noche en el río. Entonces se apareció un flaco y le dijo: Tirá allá que hay pescado. El tipo lo miró. Como el otro seguía no tuvo más remedio que decirle: Mire maestro, soy pescador viejo y estuve acá de las 8 de la noche a las 7 de la mañana y no hay nada. Sí, pero allá, allá, insistía el otro. Justo cuando lo iba a embocar, pensó que mejor no meterse en líos y tiró una vez más. Y las redes se llenaron de peces.   

Se hicieron amigos. El flaco le puso de sobrenombre Pedro y le dijo que a partir de ahora sería pescador de hombres. Pedro le decía El Maestro. Juntos armaron un equipo de once donde El Maestro era el DT y Pedro su ayudante. El Maestro  hablaba raro y como el equipo no creía mucho en él empezó a hacer milagros. Curó ciegos, leprosos, paralíticos. Un día resucitó a un muerto y hasta se apareció caminando en el agua: Vení Pedro, le dijo, caminá conmigo. ¡Pero yo no puedo Maestro! ¿Cómo que no, no te acordás cuando estabas limpiando las redes? Vení. Y Pedro fue y caminó en el agua. Y la gente empezó a gritar que aquello era cosa de mandinga. Y Pedro se asustó y se hundió. Viste, le dijo, eso te pasa por creerle más a ellos que a mí.

Una noche El Maestro dio la última charla técnica. Les limpió los pies a todos y les dijo que no faltaba mucho para que lo asesinaran. También que uno de ellos lo iba a traicionar. ¿Quién? dijo Pedro. Tranquilo. ¿Cómo que tranquilo? Decime, decime! No Pedro, para que sepas vos también me vas a negar ¿Yo? Si, vos Pedro. Tranquilo. Es así.

Al otro día vino la policía y se  llevó  al Maestro. Pedro los siguió e intentó ayudarlo. Pero una señora dijo ¡Este también andaba con ellos! Lo agarraron ¡Pará loco, hay un error! dijo Pedro. Yo los vi, repitió la señora. Y viendo que su destino era la cruz hizo lo último que le quedaba: putear a la señora. Entonces los otros dijeron: No, este no es. Lo soltaron y Pedro se quedó ahí, solo, atónito mirando el suelo. Había negado a su mejor amigo en el momento más difícil ¡Él era el traidor! La depresión lo llevó al río, del que nunca debió salir. Había vuelto a ser Simón.

Al domingo siguiente estaba limpiando las redes cuando una voz dijo: Allá hay pescado. Pedro abrió los ojos pero no quería mirar. Soy yo, dijo el reflejo del Maestro en el agua. No quería que murieras porque vos no podés resucitar,  por eso te hice negarme tres veces. Y te puse Pedro, que significa piedra, porque tu misión es la más importante: serás el encargado de poner la primera piedra en Roma. No me aflojes ¿entendiste? Ahora me voy porque el sábado juega un muchacho. Se llama Messi y quiero ayudarlo. Éste tipo es un porfiado Pedro, no sabés. No abandona nunca. No sabe lo que es limpiar las redes.



El Futbolólogo

domingo, 27 de diciembre de 2020

 

Mi ídolo

COMITAS



La actualidad deportiva en épocas de covid es insípida. La ilusión de otra Superfinal entre Boca y River por la Libertadores es lo único que puede generar cierta expectativa. Sin público asistente, no habrá ni gas pimienta ni buses derribados, aunque sí campo neutral, el Estadio Maracaná. El más grande de Sudamérica estará semi vacío juegue quien juegue. Todo muy raro, no?

Es por eso que deseo hablar de viejos tiempos, de partidos sin VAR, de goles festejados trepándose al alambrado. Y para ello revivo a un jugador olvidado, a un delantero infernal.

El posteo anterior narraba que Maradona había despertado mucho entusiasmo en el chico de diez años que era cuando Argentina ganó el Mundial de México-86. Maradona y las revistas que pude conseguir siguiendo sus pasos. Pero poco tiempo después de esa gesta, apareció en Boca una figura anónima que se convirtió en ìdolo: Jorge Alberto Comas.

Tiempos eran tiempos y está bueno hablar de todo un poco.

Por ejemplo, aquellos equipos de la segunda mitad de los ochenta tenían un elenco estable. El River de Veira, el Racing del Coco Basile o el Boca de Lorenzo se presentaban con formación 4-3-3. El Independiente de Pastoriza, el Central de Zof y el Argentinos y Newell´s de Yudica, también. Esa vinculación de la gente con el once de memoria entusiasmaba. La escuadra xeneixe salía del túnel con Gatti en el arco; Abramovich, Higuaín, Musladini y Hrabina; Melgar, Carrizo y Tapia; Graciani, Rinaldi y Comas.

Como pasa con la política, a veces tu cuadro de fútbol también depende del hogar donde te criaste. Mi papá me hizo de  Boca porque en casa las mujeres eran de River y mi hermano mayor de Independiente. El club de la rivera tenía a Lorenzo en el banco, un tipo farfullero, vivo. Lorenzo fue (para dar un parte significativo a la cuestión) una especie de Bianchi del final de los setenta, que ostentaba dos campeonatos, un subcampeonato de la Libertadores y una Intercontinental. También había ganado torneos con San Lorenzo, con la Lazio de Italia y hasta había llevado al Atlético de Madrid a jugar una final de Europa. Su regreso generaba expectativas, pero el equipo, que ya fue nombrado, no. Sin embargo, aquel Boca de Lorenzo figura entre las leyendas sin títulos, salvo copas de verano.

Voy a empezar por ellas, con su escenografía sin revoque, con esa tele enorme de perilla a fondo. Aquellos torneos eran increíbles. Habían invitado al Colonia de Schumacher (arquero de la selección alemana que jugó la final del ´86), el Spartac de Moscú (con otro genio cancerbero llamado Rinat Dasáyev) y el Nantes de Francia, con Burruchaga y el Vasco Olarticoechea. Boca y River jugaban casi siempre las finales, partidos en los que aparecía Comitas.

El 11 de Boca era un jugador inclasificable a la vez que terrible. Bajo de estatura, un pelín encorvado, con el pelo corto adelante y largo atrás, tenía un algo de Kevin Keeghan, principalmente, su explosividad. Era intuitivo como Paolo Rossi, rústico como Barros Schelotto y de definir a un toque como Romario o el Kun, salvando las distancias. En aquella época los dos archirrivales de Argentina compartían el mismo sponsor en la camiseta: la marca de neumáticos Fate, con una ruedita al lado que hasta hoy se le llama “fate o”. Esa casaca de River y Boca es legendaria, probablemente porque los de Núñez habían ganado todo en el año anterior o, tal vez, porque esos equipos tenían unos huevos enormes. Los clásicos eran mortales, electrizantes, infartantes y en todos, o en muchos, Comas hacía goles.

Con cara de mexicano de bigote pelusa (fue ídolo en México también) que contradecía su necesaria presencia, fue el último jugador antes de Riquelme al que vi hacer goles olímpicos. Solo para principiantes, hacer un gol olímpico significa patear desde el tiro de esquina y meterla al ángulo, una parábola imposible, más si en el arco está Neri Pumpido, guardavalla campeón de todo con club y selección. El mismo Neri dijo de él en un reportaje que fue al delantero al que más temió, él, que tuvo a terribles monstruos en frente: "Comas (...) Me hizo goles de todos los colores, para Vélez y Boca. Le pegaba de cualquier lado y la pelota hacia unos efectos increíbles." (Revista El Grafico. 2005. Sección 100 x 100).

En tiempos de bilardismo, su participación en la selección fue pobre, contando solamente los Juegos Olímpicos de Seúl-88, donde formó tándem con Alfaro Moreno. Nacido en Entre Ríos como mi viejo, jugó en Colón, Vélez, Boca, Tiburones de Veracruz y se retiró en el club de su debut. Comas fue un ídolo indiscutido que jamás necesitó ganar un título para vencer al olvido.



El Futbolólogo


viernes, 27 de noviembre de 2020

BUEN VIAJE


Murió Maradona y no tengo ganas de escribir. 

Porque ya se dijo todo, porque su vida y su muerte fue transmitida en directo y lo que no, inventado.

Tampoco puedo hablar mucho de la vida en sí porque lo más cercano a una explicación es “hoy estamos, mañana no estamos.” 

Pero tengo un blog de fútbol y si no escribo no honraría a su creador.

La vida viene de otro lugar. Un lugar del que no se vuelve. Un lugar del que no se puede hablar mucho con certeza porque no tenemos la capacidad de entenderlo. Lo único que pudo decir el humano sobre eso es que si le hacés un tajo al espacio te encontrás con un vómito llamado Big-bang que contiene las sustancias esenciales para confundirnos sobre si lo que vivimos es cierto. Es un debate interminable que se resume a creer o no en si hay algo más después de esto.

De todas las despedidas me quedo con la de Valdano, un tipo tan distinto a él, que dijo que recordarlo lo hacía sonreír, y se puso a llorar ante las cámaras.

Si la vida existe, la mía, como la de Jorge, también está partida en recuerdos. Y Maradona es parte de esa vida. Todos saben que soy un enfermo del fútbol, que tengo libros y revistas que desatornillan roperos. Pero lo que nadie sabe es que conocí el fútbol gracias a él.

Uno recuerda con todo lo que hay alrededor. Cualquier cosa que evocamos nos llevará a ese lugar sensiblemente completo. Hay una vida que es vivida y otra que es recordada.  

En México-86 yo tenía 10 años, apenas uno más que mi hijo. Y lo que sucedió alrededor fue tan excitante… Para empezar, teníamos que ir a lo de Felipe De Rosa a ver TV color. Era cruzar una calle y descubrir que el Gringo Giusti tenía pelo marrón y no gris como en mi casa. En el partido contra Inglaterra todos gritaban. Después del segundo gol alemán mi papá se fue para no demolerle la casa al vecino. Lo fui a buscar y por una ventana vi a mi mamá cosiendo una bandera. Decía que no iba por cábala. Esa noche en Baradero llovió y salimos con mi papá y con la bandera a festejar. Hoy escribo con las mismas manos con que apretaba a ambos.

Compramos un diario que venía con un póster tan grande que la cinta se despegaba. Adentro había una tabla periódica con todo lo sucedido en los Mundiales. Fue un Big-bang. Como era chico, le pedí a mi mamá que me compre los Gráfico de Italia-90. Ese campeonato fue más épico que el anterior. 

Lo autorreferencial es horrible, penoso, aburrido. ¿Con qué necesidad tengo que hablar de lo que pienso después de la muerte de Maradona? Uno quiere poder decir algo que emocione, despedirse como corresponde. Pero ¿qué hacer cuando esa emoción ya no está?

Puede que existir solo sea un producto de la memoria. La neurociencia dice que los recuerdos son la suma de una situación y una emoción. Maradona emocionaba incluso cuando contaba algo. Cada detalle era la prolongación natural de la emoción con que vivía. 

Diego vino a este planeta a dejarlo todo y se fue vacío. Fue el único tipo que conozco, después de Jesús, capaz de hacerle un tajo al espacio. Quiero reír y llorar, pero no puedo. Algo de mí se ha ido con él. 

Para siempre.


El Futbolólogo

domingo, 24 de noviembre de 2019


¡Wan, to, tri, for...!
ONCE IDEAL DEL ROCK NACIONAL

River perdió la Libertadores. En Boca habrá elecciones. La selección tranquila y para la Champions no hay cable. La vida futbolera sigue ¡pero quedan los artistas! dijo Pinti. Por eso me saco de la manga este post que alguna vez fue borrador del colegio ¿Me vas a decir que nunca armaste tu once ideal del Rock nacional? Daaaaleeee…

LA BATERIA EN EL ARCO:

El arquero tiene que ser un batero porque un batero es un tipo de brazos fuertes. Ya decía el dicho: nunca te pelees con un arquero. Bueno, con un batero tampoco. Es el hermano mayor de la banda, el psicológicamente más estable, salvo raras excepciones, como Gil Solá, que podría ser suplente. Además, los dos entrenan aparte: el cancerbero con pelota y el percusionista aguantando la afinación de los compañeros. A ellos les cae el peso de sostener el equipo en todas las situaciones. Por eso mi batero tiene que ser un metrónomo, como el Moro de Los Gatos, beat total. Pero también alguien con aptitud para volar, como el de La Máquina o Serú. El día del batero es su día. Los guantes para Oscar.

ABAJO, BAJISTAS:

Los dos centrales tienen que ser tipos con capacidad para simplificar todo en cuatro cuerdas. El primero limpio para salir jugando, observador como playero de Bay Watch, responsable y rápido para tapar el pifie del compañero. Pedrito Aznar es un músico-líbero ideal para este puesto. Pero a su lado tiene que haber sí o sí alguien con más presencia, alguien intimidador, rústico, que se chupe al espectador. Un intérprete gutural capaz de aguantar los ritmos complicados. Diego Arnedo, con su Fender hecho pomada, para la posición de caudillo.


GUITARRAS EN LAS BANDAS:

La decisión más complicada, sin dudas, simplificar la historia en dos guitarras. Y más aún si tenés a Pappo para uno de los puestos. La dupla Arnedo–Mollo para el costado izquierdo me gustaba. Pero Ricardo siempre actuó a la derecha de Diego en el escenario. Cierto es que podría moverlos a los dos hacia la diestra, pero me cambiaría la posición de los centrales. Además, no veo bien al Carpo con Aznar. Pedro es demasiado elegante. Me quedan igual violeros: el Tano Marciello, Botafogo, Giardino, Lebon… ¿Skay Bellison? Bueno… supongo que a Mollo no le molestaría ser suplente de Pappo, padre genealógico de la distorsión. Y Skay es un caso aparte, un distinto, como Los Redondos, primer eslabón del rock callejero. Además, tendríamos dos Gibson equilibradas para cada costado: la Les Paul dura a la izquierda y la SG limpia a la derecha. Eso sí, Skay jugaría lejos del Indio, que va adelante. Pero como están peleados… Bellison, Aznar, Arnedo, Napolitano. Es-pe-ta-cu-lar.

El 5:

Blas Armando Giunta, Vinnie Jones, Roy Keane y Felipe Melo… amigos del más allá en un solo jugador: Ricardo Iorio, pitbull con catarro vociferándole a la hinchada, al rival ¡al árbitro! Con él no pasará ni mosca ni mosquito, como dijo Galeano de Beckenbauer. Pero este Káiser de la Patagonia también sabe de pases poéticos. Y los penales los patea él.







Los dos 10:

Dos flacos voladores. El primero un ángel, querido por todas las hinchadas. El segundo un genio endiablado amado y odiado. Ambos partiendo el átomo de la estructura desde la desestructura, hechizando corazones con temas inolvidables, transformadores: Spinetta y Charly. No puedo seguir hablando.




Los dos extremos:

Dos líderes de las bandas más grandes del rock argentino. River y Boca, Soda Stereo y Los Redondos. Carlos Alberto Solari admiró siempre la vanguardia de Ceratti, al que copió y despidió con una hermosa carta cuando se fue. Pero Gustavo nunca tuvo elogios para el Indio, aunque le reconociera la pulseada en secreto. Como todos sabemos, dos padrillos no van en un mismo box, y menos aún en Argentina, país donde la grieta es deporte. Soda y Patricio Rey no dejaron descendencia solo porque convivieron en la misma época sin pasarse la pelota.




Arriba los goles de cabeza:

Para que estos dos extremos no se peleen, en el medio jugará un delantero importado de Italia, de esos que van al frente con todo, con las costillas rotas, con la nariz ensangrentada, vomitando, igual que cuando cantaba. Luca Prodan tenía una parte de cada jugador de este equipo: la genialidad, la rebeldía, el arte. Elegirá, por razones de locura, hacer todos los goles de cabeza, así venga el centro a rastrón. Demostró ser ágil en escena y en cada tiro libre saldrá de la cancha a tomar una ginebra. Total, sobra talento en el resto de sus compañeros.


El Futbolólogo

viernes, 20 de septiembre de 2019


Fútbol y Nacionalidades
LOS CLUBES SON DE LA GENTE

Hoy me desperté con la noticia de que hubo un nuevo enfrentamiento entre facciones de la barra de River. Parece que no les importa el buen momento de su equipo. El presidente está en jaque y los medios partidarios como Olé solo hablan de cenas y subastas. No entiendo porqué no quieren profundizar ¿No basta con lo que pasó en la final del año pasado? “El fútbol se lo come todo” dijo León Gieco. Si River perdía la Copa quién me asegura que no habrían matado a un jugador.

Hace tiempo que vengo elaborando un proyecto llamado Fútbol y Nacionalidades con la ilusión de poder explicar la relación que hay entre ciertos fenómenos futbolísticos, sociales, culturales e institucionales. Puedo decir que a esta altura no he avanzado mucho, salvo por unos sofritos sobre Italia y Alemania, lo que me lleva a achicar el proyecto a los pocos países que consiguieron ganar la Copa del Mundo. Pero mientras hago, ideo lo que podría ser el capítulo destinado a nuestra querida Argentina.

Si algo tengo en claro es el título: Eterna rivalidad. Nuestra pelea la empezaron criollos y españoles, siguió con la independencia y la guerra entre unitarios y federales. Con la República nos convertimos en el granero del mundo y llegaron inmigrantes ansiosos de recibir tierra, repartida casi toda entre oligarcas. Ellos trajeron las ideas progresistas, socialistas y populistas que cristalizaron más tarde en el radicalismo y el peronismo, ambos de corte anti conservador, nunca unidos en la práctica. Democracia y dictadura es la otra forma de la pelea. Por eso cuando me hablan de “la grieta” como algo de los últimos tiempos, me río bastante.

Con el fútbol pasa exactamente lo mismo. Ningún país tiene tantos clásicos, tantas rivalidades a muerte (tal vez Italia o Brasil, no lo sé). Las ideas de Menotti tienen cierto sesgo federal (deporte como expresión de la cultura popular, inclusivo; selección del interior…); Maradona y Messi podrían quedar encuadrados en la defensa de lo unitario y, por qué no, relacionados con la unipersonalidad del peronismo. Bilardo representa la competitvidad extrema y Bielsa y Riquelme serían dos híbridos entre el menottismo y el bilardismo. 

Pero hoy hay otra calidad de rivales en la calles: los que salen armados y los que no. La mafia es un organismo que se considera dueña del extraviado, devolviéndole el derecho a ser que le robó el sistema. Y en medio de la balasera los rehenes van y vienen del laburo a la casa.

Este posteo fue muy rocambolesco, lo asumo. Será porque me inspiré en una frase que dijo Iorio hace veinticinco años en Mar de Fondo. La gente de la que él hablaba no es la que hoy maneja River. Es otra.


El Futbolólogo