miércoles, 11 de junio de 2025

 TIERRA DE WINES

 


¿Se acuerdan de Willington Ortíz‚ del Tino Asprilla‚ el Tren Valencia; del 5 a 0 en el Monumental; de esos aviones imparables movidos por el joystick del Pibe Valderrama?  ¿Y de Sebastián Villa‚ el colombiano que jugaba sin contexto –como diría Luquitas Rodríguez– y que podía ganar sólo un Superclásico?

Colombia siempre tuvo un estilo abierto. Hago memoria y me cuesta recordar un pelotazo largo al nueve‚ centro a la olla o grandes remates de media distancia. Corriendo por la banda o en diagonal al arco‚ el llanero amarillo suele sacar ventaja por su timming que raramente lo encuentra en offside. Y si a la carrera sumamos unos pasos de baile‚ el trago es mortal.

A poco más de veinte minutos del primer tiempo‚ Lucho Díaz rindió homenaje a esa tierra de wines que es Colombia. De la raya izquierda al área de Dibu se abrió por el laberinto de pies argentinos. Otra vez el estadio de River‚ con más aforo que en los noventa‚ sería testigo del arte cafetero‚ de esa bachata a cien kilómetros. Quién escribe tiene debilidad por este Keeghan colombiano‚ eléctrica ala del Liverpool de los setenta.

¿Y qué decir de Houseman‚ del Negro Ortíz y Bertoni; Chirola Yazalde –más atrás en el tiempo– o el Pájaro Caniggia? ¿Y Di María? ¿quién nos saca la espina del Mundial-2014? Cuatro estrellas tendríamos si jugaba la final. Su suplente natural‚ Nico González‚ demostró que cuando está bien físicamente puede ser tan revulsivo como el Ángel de Rosario. Giuliano Simeone y él ingresaron por De Paul y Molina en una declaración argentina de ir por el honor‚ cambio táctico hacia el 3-4-3 con carrileros. El resultado fue el empate‚ materializado por el hombre libre‚ Thiago Almada‚ cuando la verdad es que pudo haber llegado mucho antes si entraba la de González que dio en el palo. El Colombia-Argentina fue un juego de torres y alfiles. Lorenzo y Scaloni‚ esta vez hicieron tablas.

 

El Futbolólogo

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