viernes, 27 de noviembre de 2020

BUEN VIAJE


Murió Maradona y no tengo ganas de escribir. 

Porque ya se dijo todo, porque su vida y su muerte fue transmitida en directo y lo que no, inventado.

Tampoco puedo hablar mucho de la vida en sí porque lo más cercano a una explicación es “hoy estamos, mañana no estamos.” 

Pero tengo un blog de fútbol y si no escribo no honraría a su creador.

La vida viene de otro lugar. Un lugar del que no se vuelve. Un lugar del que no se puede hablar mucho con certeza porque no tenemos la capacidad de entenderlo. Lo único que pudo decir el humano sobre eso es que si le hacés un tajo al espacio te encontrás con un vómito llamado Big-bang que contiene las sustancias esenciales para confundirnos sobre si lo que vivimos es cierto. Es un debate interminable que se resume a creer o no en si hay algo más después de esto.

De todas las despedidas me quedo con la de Valdano, un tipo tan distinto a él, que dijo que recordarlo lo hacía sonreír, y se puso a llorar ante las cámaras.

Si la vida existe, la mía, como la de Jorge, también está partida en recuerdos. Y Maradona es parte de esa vida. Todos saben que soy un enfermo del fútbol, que tengo libros y revistas que desatornillan roperos. Pero lo que nadie sabe es que conocí el fútbol gracias a él.

Uno recuerda con todo lo que hay alrededor. Cualquier cosa que evocamos nos llevará a ese lugar sensiblemente completo. Hay una vida que es vivida y otra que es recordada.  

En México-86 yo tenía 10 años, apenas uno más que mi hijo. Y lo que sucedió alrededor fue tan excitante… Para empezar, teníamos que ir a lo de Felipe De Rosa a ver TV color. Era cruzar una calle y descubrir que el Gringo Giusti tenía pelo marrón y no gris como en mi casa. En el partido contra Inglaterra todos gritaban. Después del segundo gol alemán mi papá se fue para no demolerle la casa al vecino. Lo fui a buscar y por una ventana vi a mi mamá cosiendo una bandera. Decía que no iba por cábala. Esa noche en Baradero llovió y salimos con mi papá y con la bandera a festejar. Hoy escribo con las mismas manos con que apretaba a ambos.

Compramos un diario que venía con un póster tan grande que la cinta se despegaba. Adentro había una tabla periódica con todo lo sucedido en los Mundiales. Fue un Big-bang. Como era chico, le pedí a mi mamá que me compre los Gráfico de Italia-90. Ese campeonato fue más épico que el anterior. 

Lo autorreferencial es horrible, penoso, aburrido. ¿Con qué necesidad tengo que hablar de lo que pienso después de la muerte de Maradona? Uno quiere poder decir algo que emocione, despedirse como corresponde. Pero ¿qué hacer cuando esa emoción ya no está?

Puede que existir solo sea un producto de la memoria. La neurociencia dice que los recuerdos son la suma de una situación y una emoción. Maradona emocionaba incluso cuando contaba algo. Cada detalle era la prolongación natural de la emoción con que vivía. 

Diego vino a este planeta a dejarlo todo y se fue vacío. Fue el único tipo que conozco, después de Jesús, capaz de hacerle un tajo al espacio. Quiero reír y llorar, pero no puedo. Algo de mí se ha ido con él. 

Para siempre.


El Futbolólogo

domingo, 24 de noviembre de 2019


¡Wan, to, tri, for...!
ONCE IDEAL DEL ROCK NACIONAL

River perdió la Libertadores. En Boca habrá elecciones. La selección tranquila y para la Champions no hay cable. La vida futbolera sigue ¡pero quedan los artistas! dijo Pinti. Por eso me saco de la manga este post que alguna vez fue borrador del colegio ¿Me vas a decir que nunca armaste tu once ideal del Rock nacional? Daaaaleeee…

LA BATERIA EN EL ARCO:

El arquero tiene que ser un batero porque un batero es un tipo de brazos fuertes. Ya decía el dicho: nunca te pelees con un arquero. Bueno, con un batero tampoco. Es el hermano mayor de la banda, el psicológicamente más estable, salvo raras excepciones, como Gil Solá, que podría ser suplente. Además, los dos entrenan aparte: el cancerbero con pelota y el percusionista aguantando la afinación de los compañeros. A ellos les cae el peso de sostener el equipo en todas las situaciones. Por eso mi batero tiene que ser un metrónomo, como el Moro de Los Gatos, beat total. Pero también alguien con aptitud para volar, como el de La Máquina o Serú. El día del batero es su día. Los guantes para Oscar.

ABAJO, BAJISTAS:

Los dos centrales tienen que ser tipos con capacidad para simplificar todo en cuatro cuerdas. El primero limpio para salir jugando, observador como playero de Bay Watch, responsable y rápido para tapar el pifie del compañero. Pedrito Aznar es un músico-líbero ideal para este puesto. Pero a su lado tiene que haber sí o sí alguien con más presencia, alguien intimidador, rústico, que se chupe al espectador. Un intérprete gutural capaz de aguantar los ritmos complicados. Diego Arnedo, con su Fender hecho pomada, para la posición de caudillo.


GUITARRAS EN LAS BANDAS:

La decisión más complicada, sin dudas, simplificar la historia en dos guitarras. Y más aún si tenés a Pappo para uno de los puestos. La dupla Arnedo–Mollo para el costado izquierdo me gustaba. Pero Ricardo siempre actuó a la derecha de Diego en el escenario. Cierto es que podría moverlos a los dos hacia la diestra, pero me cambiaría la posición de los centrales. Además, no veo bien al Carpo con Aznar. Pedro es demasiado elegante. Me quedan igual violeros: el Tano Marciello, Botafogo, Giardino, Lebon… ¿Skay Bellison? Bueno… supongo que a Mollo no le molestaría ser suplente de Pappo, padre genealógico de la distorsión. Y Skay es un caso aparte, un distinto, como Los Redondos, primer eslabón del rock callejero. Además, tendríamos dos Gibson equilibradas para cada costado: la Les Paul dura a la izquierda y la SG limpia a la derecha. Eso sí, Skay jugaría lejos del Indio, que va adelante. Pero como están peleados… Bellison, Aznar, Arnedo, Napolitano. Es-pe-ta-cu-lar.

El 5:

Blas Armando Giunta, Vinnie Jones, Roy Keane y Felipe Melo… amigos del más allá en un solo jugador: Ricardo Iorio, pitbull con catarro vociferándole a la hinchada, al rival ¡al árbitro! Con él no pasará ni mosca ni mosquito, como dijo Galeano de Beckenbauer. Pero este Káiser de la Patagonia también sabe de pases poéticos. Y los penales los patea él.







Los dos 10:

Dos flacos voladores. El primero un ángel, querido por todas las hinchadas. El segundo un genio endiablado amado y odiado. Ambos partiendo el átomo de la estructura desde la desestructura, hechizando corazones con temas inolvidables, transformadores: Spinetta y Charly. No puedo seguir hablando.




Los dos extremos:

Dos líderes de las bandas más grandes del rock argentino. River y Boca, Soda Stereo y Los Redondos. Carlos Alberto Solari admiró siempre la vanguardia de Ceratti, al que copió y despidió con una hermosa carta cuando se fue. Pero Gustavo nunca tuvo elogios para el Indio, aunque le reconociera la pulseada en secreto. Como todos sabemos, dos padrillos no van en un mismo box, y menos aún en Argentina, país donde la grieta es deporte. Soda y Patricio Rey no dejaron descendencia solo porque convivieron en la misma época sin pasarse la pelota.




Arriba los goles de cabeza:

Para que estos dos extremos no se peleen, en el medio jugará un delantero importado de Italia, de esos que van al frente con todo, con las costillas rotas, con la nariz ensangrentada, vomitando, igual que cuando cantaba. Luca Prodan tenía una parte de cada jugador de este equipo: la genialidad, la rebeldía, el arte. Elegirá, por razones de locura, hacer todos los goles de cabeza, así venga el centro a rastrón. Demostró ser ágil en escena y en cada tiro libre saldrá de la cancha a tomar una ginebra. Total, sobra talento en el resto de sus compañeros.


El Futbolólogo

viernes, 20 de septiembre de 2019


Fútbol y Nacionalidades
LOS CLUBES SON DE LA GENTE

Hoy me desperté con la noticia de que hubo un nuevo enfrentamiento entre facciones de la barra de River. Parece que no les importa el buen momento de su equipo. El presidente está en jaque y los medios partidarios como Olé solo hablan de cenas y subastas. No entiendo porqué no quieren profundizar ¿No basta con lo que pasó en la final del año pasado? “El fútbol se lo come todo” dijo León Gieco. Si River perdía la Copa quién me asegura que no habrían matado a un jugador.

Hace tiempo que vengo elaborando un proyecto llamado Fútbol y Nacionalidades con la ilusión de poder explicar la relación que hay entre ciertos fenómenos futbolísticos, sociales, culturales e institucionales. Puedo decir que a esta altura no he avanzado mucho, salvo por unos sofritos sobre Italia y Alemania, lo que me lleva a achicar el proyecto a los pocos países que consiguieron ganar la Copa del Mundo. Pero mientras hago, ideo lo que podría ser el capítulo destinado a nuestra querida Argentina.

Si algo tengo en claro es el título: Eterna rivalidad. Nuestra pelea la empezaron criollos y españoles, siguió con la independencia y la guerra entre unitarios y federales. Con la República nos convertimos en el granero del mundo y llegaron inmigrantes ansiosos de recibir tierra, repartida casi toda entre oligarcas. Ellos trajeron las ideas progresistas, socialistas y populistas que cristalizaron más tarde en el radicalismo y el peronismo, ambos de corte anti conservador, nunca unidos en la práctica. Democracia y dictadura es la otra forma de la pelea. Por eso cuando me hablan de “la grieta” como algo de los últimos tiempos, me río bastante.

Con el fútbol pasa exactamente lo mismo. Ningún país tiene tantos clásicos, tantas rivalidades a muerte (tal vez Italia o Brasil, no lo sé). Las ideas de Menotti tienen cierto sesgo federal (deporte como expresión de la cultura popular, inclusivo; selección del interior…); Maradona y Messi podrían quedar encuadrados en la defensa de lo unitario y, por qué no, relacionados con la unipersonalidad del peronismo. Bilardo representa la competitvidad extrema y Bielsa y Riquelme serían dos híbridos entre el menottismo y el bilardismo. 

Pero hoy hay otra calidad de rivales en la calles: los que salen armados y los que no. La mafia es un organismo que se considera dueña del extraviado, devolviéndole el derecho a ser que le robó el sistema. Y en medio de la balasera los rehenes van y vienen del laburo a la casa.

Este posteo fue muy rocambolesco, lo asumo. Será porque me inspiré en una frase que dijo Iorio hace veinticinco años en Mar de Fondo. La gente de la que él hablaba no es la que hoy maneja River. Es otra.


El Futbolólogo

viernes, 14 de junio de 2019


Selección de Argentina
EQUIPO IDEAL DE TODOS LOS TIEMPOS

Ya llegó la Copa y para enloquecer al hincha se armó un equipo ideal de la albiceleste. Desactivando la polémica, se excluyó de él a futbolistas que alguna vez renunciaron a la misma, como Redondo o Riquelme, y a otros cracks de la talla de Di Stéfano, Labruna o Brindisi por no alcanzar el coeficiente de presencias, goles o títulos que engalana a los elegidos. Este trabajito es una actualización de algo que ya se hizo en 2009. Creo que con estos once monstruos la FIFA cerraría sus puertas por falta de competencia.

Arquero – Ubaldo Fillol:


Un arquero completo. Superhéroe volador que paraba balazos a quema ropa. Solo comparable con Amadeo Carrizo y Gatti, superó a ambos en seguridad. Sus atajadas en el Mundial–78 fueron vitales para que Argentina ganara la primera Copa del Mundo. Dibu le sigue los pasos. Le sucederá al terminar su carrera. 


Primer central – Roberto Perfumo:




Fallecido hace seis años, es el alma del equipo. El Mariscal cortaba los contragolpes con precisión de cirujano. Fue el único del Racing de José convocado para el Mundial del 66. Dos años antes había ganado la Copa de las Naciones, un proyecto proto-confederaciones en el que participó el campeón mundial Brasil, su sucesora Inglaterra y la revelación Portugal. En tiempos de desorganización se quedó afuera del Mundial–70 y fue capitán en Alemania-74. Formó al lado de Passarella en la zaga central de River, con quién nunca se llevó bien, y fue el único capaz de frenar a un nene llamado Maradona.


Segundo central – Daniel Passarella:


El Gran Capitán se retiró siendo el zaguero más goleador de la historia del fútbol, solo superado por Koeman, que jugó cien partidos más. Como líbero, stopper o central fue el mejor por arriba y por abajo. Se despidió en España–82 con la camiseta puesta, demostrando a todos que la que vale es la nuestra. Bicampeón del mundo en 1978 y 1986, cierra la defensa para ir con todo arriba.


Tercer central – Oscar Ruggeri:


La historia cuenta que el Káiser y el Mariscal se peleaban por no marcar al 9. Bueno, acá tenemos al stopper ideal. Imparable de cabeza, conocía todas las mañas del tacticismo. Idolo de River y de Boca, se retiró siendo el jugador con más partidos en la selección, hasta que lo superó Simeone. Un caudillo multicampeón que ostenta los títulos de México–86 y las Copas América de 1991 y 1993, mas el subcampeonato de Italia–90.


Carrilero derecho – Javier Zanetti:


Se retiró siendo el futbolista con más partidos en la selección hasta que lo superó Messi. Lateral o carrilero derecho, también se las ingenió para jugar en la izquierda. 
Este Maldini autóctono corrió cien mil kilómetros al lado de la pelota. Terrible atleta que nunca pudo levantar un trofeo con la albiceleste.


Volante central – Javier Mascherano:


Si se tratara de un equipo ideal del fútbol argentino, el puesto se lo quedaría Redondo. No obstante, Masche tuvo más entrega con la nacional que El Príncipe, quién le dijo que no alguna vez. Él y diez más jugaron el Mundial de Sudáfrica y en Brasil 2014, fue el capitán sin cinta. En los Juegos Olímpicos ostenta la marca de ser el argentino con más medallas doradas en fútbol (2004 y 2008).


Carrilero izquierdo – Diego Simeone:


Otro caso parecido al de Mascherano, con Brindisi y Moreno como rivales. Pero en la selección no tuvo contrincante (solo De Paul, que todavía sigue). Con más ida y vuelta que Enrique, concentración e inteligencia que Giusti y capacidad asociativa que Ardiles, El Cholo llegaba tanto como Miguel Ángel o El Charro. Sabía jugar al filo del reglamento, cabecear, poner lo que hay que poner. Un obrero que ganó, como Ruggeri y Batistuta, dos Copas América. Se retiró siendo el jugador con más partidos en la selección, hasta que lo superó Zanetti.


Enganche – Diego Maradona


No alcanza un posteo para describir al jugador más electrizante de todos los tiempos. Habiendo ganado menos que Messi y Pelé, los superó en magia. Jugaba desgarrado o con tobillos rotos, y así y todo era capaz de ganar un Mundial él solo o llevar a su equipo a otra final.


Mediapunta izquierdo – Mario Alberto Kempes:


Nuestro último 9 hábil. Cuando le pidieron a Tarantini que eligiera entre él, Maradona o Messi para jugar una final, El Conejo no dudó en elegir a su compañero del 78. Si Ronaldo Nazario fue una manada de búfalos, Kempes era un parque jurásico. Los holandeses todavía tienen hielo en las piernas por haberse atrevido a talarlo. Goleador y figura de esa Copa disputada en Argentina, fue también el mejor jugador del mundo entre la caída de Cruyff y el ascenso de Maradona.


Centrodelantero – Gabriel Batistuta:


Sucesor de Dezotti y Balbo, le puso sufijo al apellido. Como ellos dos se fue a Italia, previo paso por River y Boca, donde empezó a usar la 9. En la Fiorentina fue capocannoniere y en la Roma el inspirador de Totti. Admirado por Ronaldo Nazario, es el ídolo de Suarez. Fue máximo artillero de la selección hasta el arribo de Messi. Batigol ganó las Copas América de 1991 (goleador con 6 tantos) y 1993. Como devorador de área nadie lo pudo igualar.

Mediapunta derecho – Lionel Messi


Bueno, prepárense para leer: es el jugador con más presencias y más goles con la selección. A estos récords se suman otros con el Barcelona y algunos absolutos, como el de máximo anotador de todos los tiempos en un año natural (91 goles en 2013). Ganó el Mundial Sub–20 de 2005, los JJ.OO. de 2008, la Copa América de 2021 y el Mundial-2022. Fue subcampeón del Mundo en 2014 y llegó a tres finales de la Copa América (2007, 2015 y 2016). Caja negra, cerebral, gambeteó como Diego a la velocidad de Caniggia, definió como Bati y nos enseñó a no bajar los brazos. 

La táctica: 1 -  2 - 3 - 4


Fillol
Perfumo
Ruggeri Passarella
Zanetti Mascherano Simeone
Messi Maradona kempes
Batistuta

El Futbolólogo

lunes, 13 de mayo de 2019


Ocho grandes 8 del fútbol argentino
LA BRUJITA VERON


En los años ochenta hubo una telenovela que rompió récords. Vista con los ojos del hoy, Amo y Señor no podría ser un éxito por contener escenas de violencia de género. Su punto erótico era la cachetada que Alonso Miranda le daba a Victoria Escalante. Por ese dislate Arnaldo André y Luisa Kuliok pasaron de ser dos actores más a convertirse en la dupla Bogart–Bergman de Latinoamérica. Los hombres ochentosos se inflaron viendo ese domador de rebeldes mujeres. Las chicas de la época lo odiaron, pero lo soñaron.

La historia del fútbol dio grandes amo y señores. En la memoria se me pierde el periodista que dijo que «la pelota amaba a Pelé.» Seductores rústicos, todos ellos hicieron de un deporte de domingo la novela varonil.

Con las medias bajas, en Argentina, Italia o Inglaterra, Verón cacheteó la redonda a lo largo de veinticuatro años. Armado de una coraza estética que incluía barba candado, pelada y camiseta afuera, verlo fue como mandar a un hincha a ponerse los cortos. Dentro de esa piel de león supo esconder a un gato sensible, andrógino, de afilados zarpazos. 

Jugó al lado de Maradona y de Messi; fue dirigido por Bilardo y por Menotti. En su primera parada ascendió con Estudiantes de La Plata. En Italia formó parte del mejor Parma de la historia (campeón de la UEFA 98/99), de la mejor Lazio (cuatro títulos en un año), del Inter multicampeón de los argentinos. Pero si me dan a elegir una temporada suya, me quedo con los dos años que estuvo en el Manchester United. El equipo de Fergunson había subido a muchos jóvenes del semillero. Allí Verón revivió su primera etapa en Estudiantes. Aquel equipo tenía un juego largo que jamás había visto y que jamás volví a ver. Sir Álex lo pidió para ponerlo al lado de Scholles, con Giggs y Beckham a los costados. Arriba van Nistelroy remataba todo lo que le tiraban. Varios años después le preguntaron quién sería el mejor compañero para levantar un partido difícil y no dudó en elegir al colorado Scholles.

Juan Sebastián nació mientras su papá Juan Ramón dormía en la concentración de Estudiantes antes de jugar el clásico platense. Súpercrack, campeón de tres Libertadores y una Intercontinental, le dejó al hijo levantar la cuarta copa. Fue un regreso soñado tras diez años de romperla en Europa. En la final del Mundial de Clubes de 2009, el Pincha le hizo partido al mejor equipo de la historia, el Barcelona de Pep Guardiola.

Siendo prácticamente un sub-23 fue titular de Argentina en Francia-98. De él escribió el técnico Passarella en el Libro de Oro del Mundial: «Tiene un juego envolvente. No se lo puede ajustar a un puesto fijo porque pierde la dinámica y el contacto con la pelota que son sus mejores virtudes. Sabe acelerar los ritmos. Buena pegada. Personalidad.» En Corea y Japón-2002 el equipo no pasó la primera ronda y una derrota frente a Inglaterra, cuando él todavía era jugador del United, lo puso en el ojo de la crítica. Esa situación, algunas lesiones y una supuesta pelea con el capitán Juan Pablo Sorín, lo alejaron de la nacional. Basile lo convocó para jugar la Copa América-2007, en la que Argentina, con un cuadrazo, perdió la final ante Brasil. A pesar de la renovada crítica por esa ambigüedad con la albiceleste, su rendimiento convenció a Maradona de llevarlo al Mundial de Sudáfrica-2010, el tercero de su carrera. Allí Argentina se comió una goleada alemana en cuartos de final con La Brujita en el banco. Inexplicable.

Probablemente poner a Verón por encima de Brindisi en un rancking de los ocho grandes 8 del fútbol argentino sea una locura, lo mismo que excluir a J. J. López y El Charro Moreno. No obstante, ninguno de los mencionados jugó tres mundiales como él (pudiendo ser cuatro), fue figura en todos sus equipos y llegó a ser el pase más caro del fútbol inglés de la época, siendo que, llamativamente, el club al que su papá le marcó un gol intercontinental fue el que lo quiso. Todos sabemos que es la pelota la que hace al jugador y no al revés. Ella elige quién será su amo y señor, para quién serán las caricias y para quién la escena de la cachetada. 




El Futbolólogo

martes, 30 de abril de 2019

Ocho grandes 8 del fútbol argentino
MIGUEL ANGEL BRINDISI



En los años noventa subí varias veces la cuesta del Tiro Federal, club de Baradero donde nos juntábamos los pibes de clase media-baja. Tal fatigosa empresa tenía de premio un espectáculo vibrante. Cuando la noche se convertía en lobo, un grupo de muchachos jugaba el partido del siglo en la cancha de la Escuela Industrial. Eran los Heavy Metal, también conocidos como Los Termiche, quienes okupaban el predio accediendo por un agujero del alambre tejido.

Una noche de parranda coincidí con uno de los protagonistas, el Pato Yoresia, quién ya no está entre nosotros. Este corazón de dos metros era entrañable como una abuela, pero si se enojaba mejor no estar en el lugar. Después de pacificar una pelea con su amigo Cuca, pudimos hablar de fútbol y ahí le comenté que me quedaba viéndolo jugar en la Indu. Como premio por mi admiración me confesó que él era un 8 como Brindisi.

Era natural que muchachos de su edad, tipos nacidos en los sesenta, admiraran a Miguel Angel, una mezcla de Redondo con Batigol. A un toque era más vistoso que Sócrates y a dos, que el mismísimo Didí. En el fútbol sudamericano de los setenta, que se jugaba a otro ritmo respecto al de Europa, Brindisi fue uno de sus mejores intérpretes, tanto que en una encuesta de El Gráfico a veinte periodistas, allá por el ´73, dentro de los cuales solo había cinco argentinos, ganó el podio con 17 votos.

Asociado con el fútbol de Menotti, ese mismo año fue campeón con Huracán de Parque Patricios, equipo comparable al Barcelona de Guardiola o al Brasil de Telé Santana. El título catapultó al DT rosarino a la selección nacional. Después del fracaso del Mundial de Alemania, en el que Miguel participó junto con otros cracks de la talla de Perfumo, Kempes o Housemann, Menotti armó un proyecto serio que extrañamente no incluyó al que para muchos fue el mejor 8 del fútbol argentino.

Esperando la revancha, perdió tres oportunidades de irse al exterior en un tiempo en el que el jugador local tenía más chances que el de afuera. Carlos Bianchi fue otro caso parecido, un súper goleador que casi no usó la albiceleste. Luego de un infructuoso pase a la Juventus, recaló en La Palmas de España en el año 76.

Después de ir como estrella y fracasar en el Mundial-74 y perderse la revancha en Argentina-78, tampoco disputó la Copa de España-82, siendo que un año antes había salido campeón con Boca en una recordada campaña en la que formó un tándem goleador al lado de Diego Maradona. No obstante, la AFA lo premió incluyéndolo en la mejor selección argentina de todos los tiempos, con Fillol, Zanetti, Perfumo, Passarella y Tarantini; Redondo, Maradona, Messi, Batistuta y Kempes.

En el año 2000 el Diario Clarín lo incluyó en el mejor once del siglo XX: Fillol; Sosa, Perfumo, Passarella y Marzolini; Brindisi, Rossi y Maradona; Housemann, Batistuta y Kempes. Desde un punto de vista futbolológico, me quedo con este segundo reconocimiento. Miguel Angel no jugó muchos partidos en la selección, como sí lo hizo el Cholo Simeone, aunque su calidad genere esta controversia.

De fútbol electrizante, directo y capacidad goleadora sin igual para su puesto, era de defender poco. Se había iniciado como arquero, pero por falta de un delantero probó de 9 en inferiores y no usó más los guantes. Tenía tanto gol que hasta llegó a usar ese número en Boca. La Federación Internacional de Historia y Estadística de Fútbol lo ubica 13° en el rancking histórico de mediocampistas más goleadores, incluso por delante de genios como Baggio y Platini. En primera división ocupa el 11° puesto, casi como un delantero. Alto, fuerte, elegante, goleador, único… Miguel Brindisi fue un 8 de época, inolvidable ídolo de tribuna, de forofos especializados, periodistas, Heavy Metals y Termiches.


El Futbolólogo

viernes, 29 de marzo de 2019


EL PIPITA GINÓBILI

Hace unos meses me propuse recordar ocho números 8 del fútbol argentino y deseo hacer un paréntesis en la zaga para hablar de la selección. Casualmente las últimas fechas FIFA se saldaron con dos amistosos horribles que mostraron la ausencia de volantes de apoyo como los de antes, futbolistas clarificadores, aceleradores o pisadores de pelota. Martino, Guisti, Basualdo o Enrique fueron tan distintos entre sí como lo son de los mediocampistas de ahora.

Esta semana también se dieron dos hechos sin comparación: la despedida de Manu Ginóbili de San Antonio Spurs, con el retiro de la camiseta número 20, y el anuncio de Gonzalo Higuaín de que no seguirá en la selección. Por el lado de Manu, me sentí pleno, saciado, pero por el de Pipita, no. Me cayó la ficha que no me había caído con Mascherano, la de un ciclo que se termina, que no volverá y que deja replanteos.

Hay que ser un enfermo para revisar tu propio blog columna por columna a ver qué escribiste del futbolista que se despidió. Ya van diez años con esto. Por el lado del Real Madrid, fueron más los partidos que analicé en los que jugó Benzemá, y por el de la selección, me sorprende no haber caído en la trampa de criticarlo. De verdad, me sorprende.

Hace poco Bielsa dio una conferencia junto al brasileño Tité y el italiano Capello, dos técnicos de primer nivel, en la que afirmó que los medios de comunicación pervierten a la sociedad. El aplauso fue unánime. Hoy existe Youtube y se puede indagar en los archivos. Si quieren uno viejo, viejo, hay una charla de Menem con Bernardo Neustadt en la que el presidente argentino dice claramente que, ya en aquella época, los medios de comunicación podían torcer la opinión pública. Es de masivo conocimiento que antes de hacerse con el poder en 1989, Héctor Magnetto, empresario jefe del grupo Clarín, el más importante de Argentina, participó de las negociaciones, y que el delegado de Alfonsín, Rodolfo Terragno, se quedó helado al verlo ahí en la casa de Menem.

Los medios de comunicación tienen una fuerza terrible, incluso hasta el punto de desestabilizar gobiernos. Chiche Gelblung contó una vez que Magnetto le dijo que el puesto de presidente era menor al de él. Si esto pasa en la política, imagínense en otros ámbitos.

El diario deportivo Olé es del medio Clarín. Todos los futboleros vimos el video publicado por ellos en que se comparaba la última jugada de gol del Pipita en la final de Chile-2015 con un gol que Batistuta marcó desde un ángulo parecido, como si uno fuera el perro y el otro el bueno. Pero nadie se fijó en que la jugada previa era distinta, la posición del arquero, de los zagueros, ni que el tipo de partido o el resultado eran distintos. El video se vendió bien, el sensacionalismo nos cegó, la tarea estaba cumplida.

Los que somos del siglo XX vimos a Maradona y a Ruggeri jugar con dos generaciones distintas, la de México-86, Italia-90 y USA-94. En ese transcurso de ocho años Argentina ganó un Mundial, fue subcampeona y ganó dos Copas América. En 1994 el equipo estaba para otro título, pero el doping positivo de Maradona enlutó a la selección. Así y todo, la vara había quedado muy alta.

Esta generación de campeones juveniles (los últimos) y de campeones olímpicos (también los últimos) jugó tres finales en tres años seguidos con la selección mayor. En las tres fue superior a sus rivales y en dos de ellas perdió por penales. Cuando los medios de comunicación se dediquen a hablar de otra cosa, tendremos la distancia suficiente para ver si todo aquello fue un fracaso. De momento es hora de decirle Adiós a Higuaín y gracias. A diferencia de lo que pasó con Ginóbili en los Spurs, la 9 celeste y blanca no se retirará, tendrá un nuevo nombre y habrá que ver hasta dónde se llega sin él. 

El Futbolólogo