sábado, 24 de noviembre de 2018


Boca – River

APOCALIPTICOS O INTEGRADOS


Humberto Eco escribió un libro que lleva un título parecido al de este post, Apocalípticos e integrados, un libro que no leí completo pero que comentamos en filosofía cuando cursaba la carrera de historia. El escritor de El nombre de la Rosa es un notable semiólogo, ciencia que estudia los signos, entendidos éstos últimos como las simbologías que acompañan a los sucesos. Al que sí pude leer fue a Tzvetan Todorov. La conquista de América. El problema del otro es un trabajo que se ganaría un 15 en puntaje del 1 al 10. En él el búlgaro expica los signos que marcaron el comportamiento y la mentalidad europea, tan diferentes de los americanos, a la hora de conocerse.

Zygmunt Bauman es para muchos la última revolución de la sociología. Su paradigma de la sociedad líquida, en contraposición de la sociedad sólida, de valores sólidos, que murió en el siglo XX, es la mejor explicación de la problemática actual. Migraciones, cambios tecnológicos y culturales, nuevos actores sociales, etc., pusieron en marcha un proceso irrefrenable que explica por igual la globalización y la posmodernidad. En este nuevo mundo líquido, soluble, fluido, quienes no se integran solo pueden hablar de apocalipsis.

Muchos protagonistas del fútbol declararon que los sucesos de violencia que se dieron cuando el micro de Boca ingresó al Monumental nos desnudaron como sociedad. Yo les voy a enumerar algunos otros, pocos, que podrían ser el strip tease argentino. 

En el Mundial de 1966, cuando el capitán de la selección Antonio Rattin fue expulsado en un partido arreglado versus el local, éste se dirigió al banderín de córner, que era una bandera británica, lo estrujó y se sentó en la alfombra de la reina de Inglaterra. En 1969, el arquero Poletti y dos jugadores más de Estudiantes de La Plata (perdón por no investigar) fueron al calabozo tras agredir a jugadores del Milan de Italia en cancha de Boca, imágenes que fueron registradas por televisión. De aquel equipo platense tricampeón de América se podrían contar tantas como para llenar un libro. Motivo de éstos sucesos, Independiente no pudo en la década siguiente jugar la Intercontinental contra el Ájax de Cruyff, ni Boca contra el super Liverpool de Toshack, Keeghan, Mills y Clemence, entre otros, quienes enviaron a sus segundos, Juventus y Borussia Mönchengladbach respectivamente, perdedores en finales a ida y vuelta. 

En los años ochenta el River de Veira, el único campeón de todo, tenía el lema: “Del medio para adelante fiesta; del medio para atrás Vietnam.” Oscar Ruggeri todavía cuenta que el equipo, además de ser duro en el terreno de juego, compraba armas a los contrabandistas por diversión. En el Mundial del 86 Argentina salió campeona con un gol con la mano y en Italia-90 hubo una “segunda mano de Dios” de Maradona en el partido ante Rusia (pueden buscarla en You Tube con ese nombre). En ese último campeonato se drogó a un jugador para ganar un partido. Con el arribo del nuevo siglo, el fútbol de adentro de la cancha, nunca cuestionado y vivado por el público, empezó a jugarse afuera con las mismas reglas. La nueva sociedad líquida creó una enfermedad más dolorosa que el cáncer y más mortífera que el SIDA llamada pobreza estructural, que no es otra cosa que la falta de dinero, educación y valores de una sociedad.

En 2011 este mismo super River que disputará la Libertadores con Boca descendió a la B. En una tarde de locos la hinchada destrozó el estadio. Entonces también nos sentíamos desnudos como sociedad. Quién recuerde esas imágenes podría preguntarse hoy: ¿Y si Boca ganase la final en cancha de River, con público totalmente local, quién garantiza que no haya invasión de campo? Gracias Borrachos del tablón por parar la masacre antes de que empiece. Habrá que ir pensando en cómo hacemos para integrarlos antes de que ellos nos integren a nosotros.




El Futbolólogo

martes, 6 de noviembre de 2018


Boca – River 
PRONÓSTICO


Para el sábado dan lluvia y se juega en la Bombonera.
Y eso no es joda…

Todos saben que La Boca en tormentas hace al fango embellecer. Las medias embarradas se bajan hasta los tobillos, los veloces vuelan y los lentos traban con piernas de hormigón. Ese resbalón con agüita, esa falla del arquero, la gambeta del goleador que hace acordar a Kempes… Que Muñeco sí–Que Muñeco no; CONMEBOL y la c… de tu madre; público local o visitante; Macri–Gato–Wathsapp… Todo queda en la nada bajo el manto del «Señor». El creador de La Tierra viene trayendo nubes de húmeda para Buenos Aires. Mirá si justo él se va a perder el mejor clásico de todos los tiempos.

Alguna vez Sábato dijo que quemó el 80% de lo que escribió. Pues bien, el Olé y todos los analistas del fútbol ya pueden ir preparando la nafta y los fósforos. Porque este partido entre Rambo y William Wallace solo puede ser analizado por un anormal como el que suscribe:

Debilidades y fortalezas de River:

Vamos al barro. Un halo de épica envuelve a River tras la sanción de Gallardo y si algún jugador escuchó la exposición del gordo Farinella en Estudio Fútbol, saldrá del túnel en modo Ancho Rubén Peucelle. De eso no me quedan dudas que se va a agarrar el riverplatense promedio, como él, en la derrota o en la victoria.

Pero una cancha mojada es una cancha rápida ¿no es cierto? Y si la tarde viene nubosa nadie tiene porqué prender aspersores o enchufar mangueras en La Bombonera. Sería negligente darle de comer a la crítica internacional. Por lo tanto, con una garúa finita la pelota puede rodar como al cuadro millonario le gusta, ese tiki-taka veloz que a Boca lo enloquece. Pero si la lluvia persiste o es fuerte, una cancha espesa pondría a River en el aprieto del juego indirecto, de salir con pelotazos buscando la segunda jugada, como le dicen. La verdad, no tengo ni idea si lo trabajarán en la semana, pero de solo pensarlo me parece increíble lo que un cambio climático puede llegar a complicar las cosas.

En un partido de visitante en el que va mejor replegar y jugar de contra, la ausencia de Ponzio (lesionado) también es un tema de mencionar, porque el León no solo es un futbolista de brega, sino también un veterano que entiende los tiempos del juego, cuando dormirlo y cuando despertarlo. No estoy diciendo que sea un arquitecto de las jugadas (por favor, no lo confundamos con Pirlo) pero sí alguien que habla en la cancha. Si River juega 4-4-2 y Boca 4-3-3 como lo vienen haciendo en la Copa, esa gotera en el medio se puede agrandar con el correr de los minutos.


Debilidades y fortalezas de Boca:


Casi siempre en una competencia internacional todos los equipos terminan jugando la final con el once que ganó la semi, salvo casos de ausencia por lesión o sanción. El Boca de Guillermo, el copero, acabó jugando con dos wines y un nueve, que casi siempre es Wanchope Ábila de arranque y Benedetto cuando el rival acusa cansancio de piernas. En un planteo de tales características, River tiene superioridad defensiva porque tres marcan al hombre y uno compensa los errores. En cambio, los cuatro hombres de marca de Boca tendrán que aguantar todo el partido el uno contra uno frente a los volantes ofensivos y los delanteros millonarios. En síntesis, un error atrás en Boca se pagará más caro que uno de River.


Pero la lluvia podría frenar a los Pity Martínez, a los Nacho Fernández, Scocco, Pratto o a alguno de los colombianos de La Banda. Si la intuición de que ningún equipo cambiará de número de teléfono no me falla, con el 4-3-3 Boca tendrá un jugador más en la medular suelto, por lo que éste podría ser un buen clásico para Nández.


Pronóstico futbolológico:


La verdad que no tengo muchas ganas de ver el partido, me parece demasiado como para disfrutarlo. Prefiero hacerles tortas fritas a mis hijos. Obviamente lo miraré otro día por Youtube con el resultado puesto más tranquilo. Igual, me parece que estas nubes de húmeda, como dijo Saadi, traerán lluvia de goles para uno de los dos equipos. No me pregunten porqué tengo ese pálpito, ni tampoco cual será el color de su camiseta.     

El Futbolólogo