martes, 23 de junio de 2026

 CÓMO TE LO EXPLICO


Oscar Wilde decía que a las mujeres no hay que entenderlas, hay que amarlas ¿Por qué lo cito? Porque a Messi no hay que explicarlo, hay que disfrutarlo. 

Empezar así me define: como bruto para explicar a Leo, como porfiado por querer seguir inexplicándolo.

Más allá de los miles de Messi que hay (el ídolo, la leyenda, etc.) voy a hablar del Leo goleador, quizás, el menos analizado de todos por ser tan espectacular su fútbol, que nos deja gastados los sentidos antes del disparo final. No tengo IA para ayudarme. No la necesito para decir que más del 60% de sus casi 900 goles los desenfundó entre el punto penal y la medialuna del área. Así como la NBA retira las camisetas de las leyendas, la FIFA debería pensar en quitar el césped de ese lugar de todas las canchas del mundo para sustituirlo por una placa que diga: Zona Messi. De allí salió el primer gol de Argentina ayer, ante Austria.

Con ese gol, Leo se convirtió en el máximo artillero de los Mundiales, justo cuarenta años después del Gol del Siglo. Los dos mejores dieces argentinos jugaron casi a la misma hora, con la diferencia de que en el Estadio de los Dallas Cowboy hubo aire acondicionado y en el Azteca no. Maradona patentó aquel día el “Gol maradoniano” que Messi copió alguna vez. Pero hubo otro, uno con la mano, que se parece al segundo de Leo ayer, el 18 en la máxima liga.

Steve Hodge, volante por izquierda que se encontraba marcando a Valdano segundos antes de “La mano de Dios”, decidió dar un pase hacia atrás (reconocido por él mismo años después) al arquero Shilton. Damos por sabido que en aquel entonces el pase al arquero de un mismo jugador del equipo no era antirreglamentario. Shilton, como mínimo, se sintió sorprendido por la extraña decisión de su compañero y tardó una mini fracción de segundos en reaccionar, tiempo suficiente para que Maradona se adelantara y le ganara en el salto. Todo lo que nos queda de ese gol es el recuerdo de que lo hizo con la mano, pero no la decisión de Diego de ir al rescate de una pelota perdida.

El segundo gol de Messi ante Austria fue "ir al rescate de una pelota perdida", tanto como lo fue la última anotación de campo ante Francia en la final de Qatar-2022. La lista de goles hechos así por él en el Barcelona, Paris e inter Miami es interminable. Julio Maldonado “Maldini”, periodista español de conocimiento ilimitado, decía que “Torpedo” Müller, el cañonero alemán de los años setenta, era “un goleador de área pequeña”. En efecto, Müller convertía cualquier piedra en pepita de oro cuando el arquero o el defensor fallaban. ¿Acaso le quedaría bien el apodo a Messi? ¿no sería minimizar su obra? Para nada, Leo es Maradona y Müller a la vez, lo ve todo antes, y lo liquida antes de que el rival pueda abrir los ojos.

Valdano decía que una de sus características es que “cuando tiene la pelota, no duda”. Pep Guardiola, por otra parte, observaba en él que “cuando está caminando lo está mapeando todo.” Leo recibe la pelota, ya tiene el mapa hecho, no duda: gol. Sus conexiones neuronales van de la cabeza a los pies sin escala. No hay boca. No hay palabras. Le preguntan y no sabe o no quiere decir cómo lo hizo (si total ya está hecho). Somos nosotros los que tenemos que rompernos la cabeza intentando explicarlo, mientras los realmente inteligentes, lo disfrutan.


El Futbolólogo

lunes, 8 de junio de 2026

 ¿QUIÉN GANARÁ EL MUNDIAL?



Este jueves 11 de junio comenzará el Mundial-2026, cuando México y Sudáfrica se enfrenten en el Estadio Azteca. El partido será a las 4 de la tarde (hora de Argentina) y a la noche Corea del Sur y la República Checa rivalizarán en Guadalajara. Las dos primeras fechas de los sucesivos grupos se jugará un partido con sol y otro bajo reflectores, hasta que todos se encuentren en un mismo horario para disputar el último cotejo. La suma nos dará un total de 72 en 18 días (menos de tres semanas).

De los 12 grupos saldrán 8 mejores terceros, como en México-86 e Italia-90, lo que abrirá la posibilidad de que dos rivales de un cuadrangular puedan repetir su partido antes de la final. Para esta ocasión, habrá por primera vez dieciseisavos, octavos, cuartos, semifinal y final, por lo que, como mínimo, habrá que ganar seis veces y empatar un partido para ser campeón (clasificando como mejor tercero).

De los campeones del Mundo, solo Italia no estará y los que están son candidatos todos, más allá de las lesiones, que las habrá de a decenas. De los campeones continentales, Portugal y Holanda, Marruecos, Senegal, Colombia y Japón aspiran a dar el golpe, siendo serios postulantes los lusos y nipones, cuadros muy enteros y con calidad sobrante. Ganar este campeonato va a ser muy difícil por la cantidad de equipos, las distancias (con sus contratiempos entre viaje y viaje), la rigurosa seguridad norteamericana, el clima y las canchas, cuyo estado no fue el óptimo en la Copa América de Estados Unidos-2024, país en donde se disputarán la mayoría de matches.

Para predecir el campeón es necesario hacer un recorrido por el fútbol de hoy. De momento los estilos pueden resumirse a dos: jugar con posesiones largas o con transiciones rápidas. Lo primero es difícil porque requiere de la calidad técnica innata y adquirida por el futbolista en su formación; lo segundo, porque lo define el físico del futbolista. Latinoamericanos y europeos, con sus obvias diferencias entre sí, son fuertes en lo primero; asiáticos y africanos, también con diferencias, en lo segundo. La combinación de factores ha emparejado bastante las cosas: los llamados equipos chicos ya no lo son tanto y, en caso de establecerse una diferencia entre escuadras, el sistema de mejores terceros da a la selección débil el beneficio del empate en la fase de grupos, así como pasar por penales en la siguiente. Téngase en cuenta esto último: en un torneo con 48 equipos es muy probable que por lo menos uno de ellos ascienda defendiendo bien.

Entonces: ¿Qué equipo ganará el Mundial? Lógicamente, será una suma de factores. Lo físico y lo técnico ayudarán a lo táctico, ya que hoy no se juega en toda la cancha, como antes. De ahí el énfasis en hacer fútbol reducido en las prácticas. Todo sin contar la pelota parada, cuya mayor ventaja la poseerá el equipo con mejores pateadores que cabeceadores. Por lo demás, todo estará a disposición del jugador, la tecnología y la ciencia. Pero en un Mundial tan largo, jugado inmediatamente después de terminada la temporada; con distancias y contratiempos, y con un clima tan adverso, habrá que tirar de grupo, de paciencia y de espíritu. Las estrellas no garantizarán convivencia. La ventaja la tendrá aquel equipo que aprenda a solucionar sus propios errores adentro de la cancha, tanto como afuera.


El Futbolólogo