CÓMO TE LO EXPLICO
Oscar Wilde decía que a las mujeres no hay que entenderlas, hay que amarlas ¿Por qué lo cito? Porque a Messi no hay que explicarlo, hay que disfrutarlo.
Empezar así me define: como bruto para explicar a Leo, como porfiado por querer seguir inexplicándolo.
Más allá de los miles de Messi que hay (el ídolo, la
leyenda, etc.) voy a hablar del Leo goleador, quizás, el menos analizado de
todos por ser tan espectacular su fútbol, que nos deja gastados los sentidos antes
del disparo final. No tengo IA para ayudarme. No la necesito para decir que más
del 60% de sus casi 900 goles los desenfundó entre el punto penal y
la medialuna del área. Así como la NBA retira las camisetas de las leyendas, la
FIFA debería pensar en quitar el césped de ese lugar de todas las canchas del
mundo para sustituirlo por una placa que diga: Zona Messi. De allí
salió el primer gol de Argentina ayer, ante Austria.
Con ese gol, Leo se convirtió en el máximo artillero de
los Mundiales, justo cuarenta años después del Gol del Siglo. Los dos mejores dieces argentinos jugaron casi a la misma hora, con
la diferencia de que en el Estadio de los Dallas Cowboy hubo aire acondicionado
y en el Azteca no. Maradona patentó aquel día el “Gol maradoniano” que Messi
copió alguna vez. Pero hubo otro, uno con la mano, que se parece al segundo de
Leo ayer, el 18 en la máxima liga.
Steve Hodge, volante por izquierda que se encontraba marcando
a Valdano segundos antes de “La mano de Dios”, decidió dar un pase hacia
atrás (reconocido por él mismo años después) al arquero Shilton. Damos por
sabido que en aquel entonces el pase al arquero de un mismo jugador del equipo
no era antirreglamentario. Shilton, como mínimo, se sintió sorprendido por la
extraña decisión de su compañero y tardó una mini fracción de segundos en
reaccionar, tiempo suficiente para que Maradona se adelantara y le ganara en el
salto. Todo lo que nos queda de ese gol es el recuerdo de que lo hizo con la
mano, pero no la decisión de Diego de ir al rescate de una pelota perdida.
El segundo gol de Messi ante Austria fue "ir al rescate de
una pelota perdida", tanto como lo fue la última anotación de campo ante Francia
en la final de Qatar-2022. La lista de goles hechos así por él en el
Barcelona, Paris e inter Miami es interminable. Julio Maldonado “Maldini”,
periodista español de conocimiento ilimitado, decía que “Torpedo” Müller, el cañonero alemán de los años setenta, era “un goleador de área
pequeña”. En efecto, Müller convertía cualquier piedra en pepita de oro cuando
el arquero o el defensor fallaban. ¿Acaso le quedaría bien el apodo a Messi?
¿no sería minimizar su obra? Para nada, Leo es Maradona y Müller a la vez, lo ve todo
antes, y lo liquida antes de que el rival pueda abrir los ojos.
Valdano decía que una de sus características es que
“cuando tiene la pelota, no duda”. Pep Guardiola, por otra parte, observaba en él
que “cuando está caminando lo está mapeando todo.” Leo recibe la
pelota, ya tiene el mapa hecho, no duda: gol. Sus conexiones neuronales van de
la cabeza a los pies sin escala. No hay boca. No hay palabras. Le preguntan y
no sabe o no quiere decir cómo lo hizo (si total ya está hecho). Somos nosotros
los que tenemos que rompernos la cabeza intentando explicarlo, mientras los realmente inteligentes, lo disfrutan.
El Futbolólogo

