jueves, 16 de julio de 2026

 THE WINNER IS


Argentina y España estarán en la final del Mundial-2026, lo que significa que el mundo sigue siendo un campo de compensaciones. El fútbol le ganó a la política. La guerra de Irán pudo quitarnos la posibilidad de ver la Finalísima de Qatar por unos meses, dado que el campeón de Europa y de América se enfrentarán el domingo en Nueva York.

Antes de dar el veredicto sobre quién es el ganador, vamos a repasar brevemente cómo se dieron las semifinales.

España – Francia:

La tormenta eléctrica a la que se referió Alfaro se quedó sin corriente. España cortó el cable de comunicación entre la sección defensiva y la delantera. El equipo de Deschamps no tuvo ni posesión ni contragolpe. Si estuviéramos hablando de biología, España fue neuroplástica en la media cancha, esa capacidad del cerebro de regenerarse, recuperando circuitos neuronales perdidos, lo que, traducido al idioma fútbol, significa que los roles fueron más importantes que los puestos. Solo Rodri, columna vertebral del equipo, tuvo cierta ubicación. Así La Roja convirtió el 4-2-3-1 Bleu en un 4-2-4 partido en esa cintura de guitarra ocupada por Rabiot, Tchoumeni y sus respectivos recambios, a los cuales el comando técnico abandonó a su suerte. Si el equipo ibérico ganara la Copa del Mundo, Deschamps podría presumir el palmarés de haber perdido siempre con el campeón desde que debutó en el torneo de Brasil-2014.

Argentina – Inglaterra:

“El fútbol es un deporte en el que juegan 11 contra 11 y siempre gana Argentina.” Esa será la nueva frase de Gary Lineker. Otra vez el 4-2-3-1 afuera, sistema que solo le sirve al PSG. Sin la movilidad de los españoles, Argentina tuvo dificultades para salir de su arco a inicios del partido, inclusive después del 1 a 0 marcado por Gordon. En medio, Anderson recibió una amarilla que lo condicionó todo el partido. Salvo los “históricos” y el anotador del gol, Djed Spence fue el único que entendió lo que era un superclásico, incluido el entrenador Tuchel, demasiado pendiente de Messi. Lio, que tiene tres, cuatro o quizás cinco sentidos más de lo normal, descifró el operativo del ICE británico y se clavó en la punta del área, zona donde, como diría Valdano, el lateral no se anima a cerrarse, el central a abrirse ni el 5 a bajar. Desde ahí partieron las dos asistencias para los goles de Enzo Fernández y Lautaro Martínez (la segunda con la de palo) con que la Scaloneta dio vuelta el marcador en el partido más vibrante de la competición.

El ganador:

Luis de La Fuente Castillo fue el preparador de los chavales españoles desde el tiempo en que pateaban los córneres sin llegar al punto penal. El mismo riojano recibió en noviembre de 2017 a Lionel Scaloni para realizar el curso de entrenador en Las Rozas, Madrid. Todo lo que ustedes ven en España y en Argentina es su obra, en el campo y fuera de ella, en la comunicación convencida y templada de los protagonistas. En tiempos de frenética locura, de La fuente es un manual de ecuanimidad, valores y buena educación. Es estremecedor (puedo parecer exagerado, lo sé) cómo se dirigen hacia él todas las personas, desde periodistas a colegas, jugadores y colaboradores. Su corte de amabilidad y distancia es digno de copiarse. Creyente y fan de la filosofía estoica, tiene claro que la receta del éxito es rodearse de buena gente, disfrutar del proceso y mejorar, siempre mejorar. Puede parecer casualidad (o falsa metafísica) que el fuerte de los equipos finalistas sea el medio campo, y un plan de juego basado en la paciencia, que no es otra cosa que la ciencia de la paz, toda una lección para un planeta que vive en la era de los extremos.


El Futbolólogo

lunes, 13 de julio de 2026

CÓMO JUGARLES


Argentina le ganó a Suiza, equipo rocoso, de relojería, por la única ventaja de jugar once contra diez los últimos veinte minutos del reglamentario y todo el suplementario. En la otra llave, Inglaterra tuvo su mano a mano ante la Noruega de Haaland en el calor de Miami. Como en 1966 y 1986, habrá superclásico. Scaloni ya habló de “partido de fútbol”. Veremos qué dicen los hinchas.

Lo que sigue es un análisis del equipo titular inglés, línea por línea, jugador por jugador, como para que vayamos conociendo al enemigo.

Guardameta:

Jordan Pickford es un piloto de la Fuerza Aérea. Su peinado con gel no le quita esa esencia de arquero Hooligan. Va a todas, arriba, abajo, corta centros con los puños; da rebotes y se tira sobre la granada. Los hinchas festejan sus atajadas apretando latas de cerveza.

Defensa:

John Stones es el único sobreviviente, junto con Pickford y Kane, de Rusia-2018. En el City de Guardiola fue lugarteniente de la zaga. A diferencia del arquero, él es un caballero de la Cruz de San Jorge, el capitán sin cinta, un técnico dentro del campo. Konsa, O´Reilly y Guehi son debutantes en los Mundiales, lo que es decir, hacen todo lo que Stones les pide. Casualmente los tres son de color (Nico O´Reilly es mestizo), dato que puede parecer trivial, pero no en Inglaterra, país de castas. La línea de cuatro no se negocia. Los laterales tienen la correa hasta la mitad de la cancha, tal vez un poco más si el equipo está en campo rival. Pero los centros son para los extremos. A Tuchel no le gusta el desorden atrás.

Doble pivote:

Declan Rice es el Paredes del equipo. Juega en largo y se encarga de los centros frontales, tiros libres y córneres. El sistema defensivo inglés post pérdida es de faltas tácticas, por lo que suele ser el sacrificado cuando el árbitro mete la mano en el bolsillo, ya que es muy estético para jugar sucio. Con todo, si Rice es Paredes, Ánderson es Delgado. Albañil, gasista y electricista, hace todo el mantenimiento y limpieza del equipo, multiplicándose como Droopy en la MGM. El más obrero del equipo.

Los extremos:

A la izquierda, Gordon es un corredor nato, Carrozas de Fuego, Mel Gibson en Gallipoli. Es constante en sus incursiones y da mucho trabajo a los laterales. Sus centros son precisos y en tiempo perfecto, como el que le puso a Bellingham en el segundo gol a Noruega. Por el otro costado, Noni Madueke y Bukayo Saka se alternan un tiempo cada uno, como Molina y Montiel en nuestro equipo. Son muy buenos en el uno contra uno, se sacan un hombre de encima seguro, y a veces dos.

Delantera:

Bellingham es el falso 9 y Kane el 9. Cada uno suma 6 goles de un total de 13 del equipo (el otro lo hizo Rashford), lo que quiere decir dos cosas: si le das un metro a Harry o metro y medio a Jud, es gol; pero si por esas casualidades tuvieran algún inconveniente físico, o lo que sea, probablemente no haya plan B. Tácticamente son inquietos, siendo Bellingham un 5-8-10 y Kane también armador y creador de espacios para su socio.

El técnico:

Tuchel es lo que Bielsa en Uruguay, un alemán en Inglaterra. Por ahora las cosas funcionan, pero lo miran de reojo. No es la primera vez que los creadores del fútbol tienen un técnico extranjero. Eriksson (Mundiales de 2002 y 2006) y Capello (2010) fueron algunos experimentos. La tercera es la vencida y el tren Thomas los llevó más lejos que los otros dos. La táctica (4-2-3-1) no suele negociarse. Los cambios son pieza por pieza. Salvo por las incursiones de Gordon, el módulo es espeso llevando el balón. Juega con líneas abiertas para atacar y juntas para defender. A partido roto tiene ventaja porque hay calidad. Pero si se le cierran atrás sufre mucho el calor.

Cómo jugarles:

La lógica dice que al 4-2-3-1 se le gana con un 5-3-2, siendo nuestro volante central, Paredes, el que se quede con Bellingham (como Busquets con Özil en Sudáfrica-2010) y un central con Kane, sirviendo los otros dos de apoyo a los laterales cuando el extremo queda uno contra uno. Jugar 4-4-2, como viene iniciando la Scaloneta, implica que el extremo inglés pueda picar a la espalda del volante abierto argentino, quedando solo con el lateral, y Bellingham y Kane uno contra uno con el central. En cambio, el 5-3-2 le daría superioridad numérica a los tres volantes contra el doble pivote inglés y dejaría al delantero con los centrales y a Messi en línea de flotación.

Por supuesto que Scaloni, Samuel, Aimar y el Ratón son mucho más inteligentes y creativos que yo. A ello sumaré que Argentina tiene un plus de actitud, que conoce al rival porque sus jugadores comparten la liga y que el juego aéreo, vieja receta británica, hoy ya se puede contrarrestar. Pero a no dormirse. La selección no ha enfrentado a rivales de fuste en este Mundial, y si es que el arbitraje no nos ayudó, los rivales lo hicieron cometiendo los errores necesarios para que la selección pasara. Los cuatro semifinalistas son el 1, 2, 3 y 4 del ranking FIFA. Puede que nos haya tocado el peorcito y que la cuerda floja se pase mejor con futbolistas de calidad como los nuestros. Pero ellos también los tienen. Sino, pregúntenle a Croacia.


El Futbolólogo

miércoles, 8 de julio de 2026

ES LA ÚLTIMA



Antes de empezar quisiera avisarles que este posteo va a ser un poco largo. El eje del mismo será la clasificación de Argentina a los cuartos de final, tras eliminar a Egipto. Desde allí saldrán disparadas las flechas hacia varias cuestiones que nos permitan llegar a conclusiones más profundas sobre lo que estamos viendo. Se trata de la suma de la visión del partido en directo, lo escuchado en la conferencia de prensa de ambos técnicos, las declaraciones post partido de los futbolistas y el análisis de los periodistas y streamings de varios países.

Argentina comenzó su marcha con un mediocampo espeso, con De Paul y Enzo Fernández como los puntos más bajos. Hubo malos pases y error en alguna que otra decisión. Egipto, más dinámico, encontró el gol de cabeza en el peor partido del Dibu Martínez en el Mundial. Acto seguido, una apertura en el ataque argentino para Tagliafico nos dio un penal bien cobrado por el árbitro, pero no por Messi.

Esta es la primera ventana que deberíamos abrir. ¿Es bueno que él patee los penales? ¿es garantía de gol? Messi ya ha errado cuatro en los Mundiales: ante Islandia en 2018, Polonia en 2022 y dos en los que va de este, ante Austria y Egipto. A ellos se suman la final de la Copa América 2016 ante Chile y la definición ante Ecuador en 2024. Siempre que patea cruzado se lo atajan, con la única excepción de la Copa América 2015, en la que fue el único gol de la tanda final. Cuando lo hace con el pie abierto (Holanda Mundial-2014, Holanda y Francia 2022) va adentro, pero al medio. Leo anuncia mucho el remate y patea despacio (excepto el nombrado de 2015). Si ha de suponerse que los practican, él debe tener un buen hándicap, de seguro. Pero si me dan a elegir, prefiero que no patee más.

Aunque suene contradictorio, hay que decir que cuando él erra, Argentina gana, con la única excepción de la nombrada Copa América de 2016. Sea como sea, a inicios del segundo tiempo vino un segundo gol de Egipto, que el árbitro anuló por una falta previa a Lisandro Martínez, revisada en el VAR.

Luego del gol anulado vino otro de Ziko, que hubiera sido el 3 a 0, pero fue el 2 a 0. Esas dos anotaciones del segundo tiempo vinieron de contra. Lisandro Martínez no tuvo su mejor partido (si lo comparásemos con el altísimo rendimiento mostrado ante Cabo Verde), pero sí Cuti Romero y Leandro Paredes, los tres defensores que quedaban cuando los laterales iban al ataque. A veinte minutos del final el partido estaba perdido. Messi había errado su penal y Dibu recibido tres goles. Fue entonces cuando Argentina entró en una anarquía, en un motín futbolístico, ayudado por la única vez que Scaloni decidió jugar con Leo, Julián y Lautaro en ataque. El Toro ingresó por De Paul. El técnico argentino hizo cambio de laterales también: Nicolás González por Tagliafico y Montiel por Molina. A los 79 minutos Cuti Romero abrió el arco con un gol de cabeza. 5 después, Messi venció las manos del enorme arquero Mostafa Shobeir. En el 92´, penal de Julián Álvarez a Mohamed Salah que el árbitro no quiso revisar. Contragolpe argentino y Enzo Fernández marcaría el 3 a 2 de cabeza, cerrando el partido tras una contra que acabaría en centro de Lautaro Martínez. Los egipcios pidieron VAR. Un auxiliar del técnico invadió el campo y fue expulsado. Hassan hizo señas de racismo (una X con los brazos). Ziko dijo tras el partido que ya podían darle la Copa a Messi. Scaloni lloró por la épica de su equipo.

Solo abriendo el arco geopolítico se pueden entender algunas cosas. Vamos por partes.

Donde Trump mete la cola no puede haber nada bueno. En los 16avos jugados entre Estados Unidos y Bosnia, el goleador norteamericano Folarin Balogun cometió una falta grave por la que fue expulsado. La polémica fue que Messi hizo otra similar ante Argelia y no recibió tarjeta. A favor de Leo corre que el bosnio se lesionó y no pudo continuar (el argelino sí). Para los octavos, Balogun fue sobreseído ¿Quién intercedió?: Trump. Ahora bien ¿Por qué la FIFA le hizo caso? Bueno, Infantino le entregó el Premio de la Paz en la ceremonia del sorteo. Y para redondear, seguro que ni ustedes ni yo tenemos conocimiento del estado del FIFA Gate, sobre el cual intervino el FBI. La extorsión es el arma del siglo XXI. Continuemos.

¿Hubo casos en los que políticos se entrometieron en decisiones arbitrales? En 1982, el jeque de Kuwait Al-Sabah bajó de la platea (literal) a hablar con el árbitro soviético Miroslav Supar para que anule un gol de Francia por un supuesto silbatazo que distrajo al equipo ¿Decisión final? Gol anulado. No voy a contar todas, pero puedo citar la relación de Mussolini con los jueces en Italia-34, la visita de Videla y Henry Kissinger al vestuario de Perú en Argentina-78, en fin. Puede que para 2026 todos estos ejemplos parezcan anticuados, pero no. Evidentemente la FIFA es una organización que obedece a la política.

Llegados a este punto ¿cómo es la relación de Argentina con Trump? Buena. Messi le dio la mano y Milei se babea con él. ¿Y la relación de Egipto? Mala. El técnico Hossam Hassan celebró los triunfos de su equipo mostrando una bandera de Palestina, nación que está en guerra con Israel, aliado de Estados Unidos. Pero ¿se mezclan fútbol y política? Si. Irán lo sabe, y en México hubo manifestaciones anti-Mundial en cada partido (que incluyeron, entre otras cosas, grafitear el coche de Cuauhctémoc Blanco, vieja gloria Tri, hoy diputado).

Todo lo revisable se revisó. Y las decisiones del árbitro francés François Letexier y del VAR, aunque polémicas, tuvieron un alto grado de acierto. Por veinte minutos Messi casi se va con Cristiano Ronaldo, Modric y Neymar. Si fuese un Mundial normal Argentina ya estaría entre los cuatro primeros. Este campeonato extenuante, inmediatamente después de la temporada regular, con calor y largos viajes, no es malo. Lleva 173 goles en 60 partidos, casi 3 de promedio en una competición donde los arqueros son figuras. Hay un goleador con 8 tantos (Messi), dos con 7 (Mbappé y Haaland) y uno con 6 (Harry Kane), algo único en la Historia del torneo. Solo Infantino y Trump, con sus torpezas, generan suspicacias. La pelota no tiene que mancharse, es nuestra. No lo digo más.


El Futbolólogo

martes, 23 de junio de 2026

 CÓMO TE LO EXPLICO


Oscar Wilde decía que a las mujeres no hay que entenderlas, hay que amarlas ¿Por qué lo cito? Porque a Messi no hay que explicarlo, hay que disfrutarlo. 

Empezar así me define: como bruto para explicar a Leo, como porfiado por querer seguir inexplicándolo.

Más allá de los miles de Messi que hay (el ídolo, la leyenda, etc.) voy a hablar del Leo goleador, quizás, el menos analizado de todos por ser tan espectacular su fútbol, que nos deja gastados los sentidos antes del disparo final. No tengo IA para ayudarme. No la necesito para decir que más del 60% de sus casi 900 goles los desenfundó entre el punto penal y la medialuna del área. Así como la NBA retira las camisetas de las leyendas, la FIFA debería pensar en quitar el césped de ese lugar de todas las canchas del mundo para sustituirlo por una placa que diga: Zona Messi. De allí salió el primer gol de Argentina ayer, ante Austria.

Con ese gol, Leo se convirtió en el máximo artillero de los Mundiales, justo cuarenta años después del Gol del Siglo. Los dos mejores dieces argentinos jugaron casi a la misma hora, con la diferencia de que en el Estadio de los Dallas Cowboy hubo aire acondicionado y en el Azteca no. Maradona patentó aquel día el “Gol maradoniano” que Messi copió alguna vez. Pero hubo otro, uno con la mano, que se parece al segundo de Leo ayer, el 18 en la máxima liga.

Steve Hodge, volante por izquierda que se encontraba marcando a Valdano segundos antes de “La mano de Dios”, decidió dar un pase hacia atrás (reconocido por él mismo años después) al arquero Shilton. Damos por sabido que en aquel entonces el pase al arquero de un mismo jugador del equipo no era antirreglamentario. Shilton, como mínimo, se sintió sorprendido por la extraña decisión de su compañero y tardó una mini fracción de segundos en reaccionar, tiempo suficiente para que Maradona se adelantara y le ganara en el salto. Todo lo que nos queda de ese gol es el recuerdo de que lo hizo con la mano, pero no la decisión de Diego de ir al rescate de una pelota perdida.

El segundo gol de Messi ante Austria fue "ir al rescate de una pelota perdida", tanto como lo fue la última anotación de campo ante Francia en la final de Qatar-2022. La lista de goles hechos así por él en el Barcelona, Paris e inter Miami es interminable. Julio Maldonado “Maldini”, periodista español de conocimiento ilimitado, decía que “Torpedo” Müller, el cañonero alemán de los años setenta, era “un goleador de área pequeña”. En efecto, Müller convertía cualquier piedra en pepita de oro cuando el arquero o el defensor fallaban. ¿Acaso le quedaría bien el apodo a Messi? ¿no sería minimizar su obra? Para nada, Leo es Maradona y Müller a la vez, lo ve todo antes, y lo liquida antes de que el rival pueda abrir los ojos.

Valdano decía que una de sus características es que “cuando tiene la pelota, no duda”. Pep Guardiola, por otra parte, observaba en él que “cuando está caminando lo está mapeando todo.” Leo recibe la pelota, ya tiene el mapa hecho, no duda: gol. Sus conexiones neuronales van de la cabeza a los pies sin escala. No hay boca. No hay palabras. Le preguntan y no sabe o no quiere decir cómo lo hizo (si total ya está hecho). Somos nosotros los que tenemos que rompernos la cabeza intentando explicarlo, mientras los realmente inteligentes, lo disfrutan.


El Futbolólogo

lunes, 8 de junio de 2026

 ¿QUIÉN GANARÁ EL MUNDIAL?



Este jueves 11 de junio comenzará el Mundial-2026, cuando México y Sudáfrica se enfrenten en el Estadio Azteca. El partido será a las 4 de la tarde (hora de Argentina) y a la noche Corea del Sur y la República Checa rivalizarán en Guadalajara. Las dos primeras fechas de los sucesivos grupos se jugará un partido con sol y otro bajo reflectores, hasta que todos se encuentren en un mismo horario para disputar el último cotejo. La suma nos dará un total de 72 en 18 días (menos de tres semanas).

De los 12 grupos saldrán 8 mejores terceros, como en México-86 e Italia-90, lo que abrirá la posibilidad de que dos rivales de un cuadrangular puedan repetir su partido antes de la final. Para esta ocasión, habrá por primera vez dieciseisavos, octavos, cuartos, semifinal y final, por lo que, como mínimo, habrá que ganar seis veces y empatar un partido para ser campeón (clasificando como mejor tercero).

De los campeones del Mundo, solo Italia no estará y los que están son candidatos todos, más allá de las lesiones, que las habrá de a decenas. De los campeones continentales, Portugal y Holanda, Marruecos, Senegal, Colombia y Japón aspiran a dar el golpe, siendo serios postulantes los lusos y nipones, cuadros muy enteros y con calidad sobrante. Ganar este campeonato va a ser muy difícil por la cantidad de equipos, las distancias (con sus contratiempos entre viaje y viaje), la rigurosa seguridad norteamericana, el clima y las canchas, cuyo estado no fue el óptimo en la Copa América de Estados Unidos-2024, país en donde se disputarán la mayoría de matches.

Para predecir el campeón es necesario hacer un recorrido por el fútbol de hoy. De momento los estilos pueden resumirse a dos: jugar con posesiones largas o con transiciones rápidas. Lo primero es difícil porque requiere de la calidad técnica innata y adquirida por el futbolista en su formación; lo segundo, porque lo define el físico del futbolista. Latinoamericanos y europeos, con sus obvias diferencias entre sí, son fuertes en lo primero; asiáticos y africanos, también con diferencias, en lo segundo. La combinación de factores ha emparejado bastante las cosas: los llamados equipos chicos ya no lo son tanto y, en caso de establecerse una diferencia entre escuadras, el sistema de mejores terceros da a la selección débil el beneficio del empate en la fase de grupos, así como pasar por penales en la siguiente. Téngase en cuenta esto último: en un torneo con 48 equipos es muy probable que por lo menos uno de ellos ascienda defendiendo bien.

Entonces: ¿Qué equipo ganará el Mundial? Lógicamente, será una suma de factores. Lo físico y lo técnico ayudarán a lo táctico, ya que hoy no se juega en toda la cancha, como antes. De ahí el énfasis en hacer fútbol reducido en las prácticas. Todo sin contar la pelota parada, cuya mayor ventaja la poseerá el equipo con mejores pateadores que cabeceadores. Por lo demás, todo estará a disposición del jugador, la tecnología y la ciencia. Pero en un Mundial tan largo, jugado inmediatamente después de terminada la temporada; con distancias y contratiempos, y con un clima tan adverso, habrá que tirar de grupo, de paciencia y de espíritu. Las estrellas no garantizarán convivencia. La ventaja la tendrá aquel equipo que aprenda a solucionar sus propios errores adentro de la cancha, tanto como afuera.


El Futbolólogo

miércoles, 1 de abril de 2026

ITALIANO VERO


Nobleza obliga. El Mundial se jugará en medio de la Tercera Guerra Mundial. 63 son ya los países involucrados en conflictos internacionales, 15 más que los que viajarán a Estados Unidos, Canadá y México a jugar al fútbol.

En 1934 Italia organizó un Mundial durante el fascismo. En 1938, Francia hizo el suyo con las bombas en las orejas. En 1978, Argentina fue sede en medio de una dictadura. El ICE ya está en los aeropuertos esperando a las aficiones. Es así, el Mundial no decide a los gobiernos. Y a la FIFA no le importa la política fuera de Zúrich.

Lindo tema para seguir. De Paul dijo después del partido con Zambia: “No hacemos política” ¿Qué pensaría el Doctor Sócrates, padre de la democracia corinthiana (¿no lo conocés? Buscalo)? ¿Y Ronnie Helström, el arquero sueco que caminó con las madres de Plaza de Mayo durante el Mundial-78? CR7 posó con la bandera de Palestina... Si no queremos pensar en referentes afuera ¿Qué pensaría Maradona entonces? De Paul no se enteró de que la Finalísima no se jugó porque Qatar entró en guerra, y la guerra es política. Que él no la haga es una cosa, pero habla por más gente.

La selección le ganó a Zambia 5 a 0 y a Mauritania 2 a 1. La interpretación de estos amistosos fue que el equipo no estaba preparado para jugar contra España (en realidad, para ganarle). No hay que olvidarse que el fútbol no es una ciencia exacta. En el Mundial anterior, Julio Maldonado, periodista español con la mayor cantidad de partidos grabados y colección de revista deportivas de todo el mundo, predijo una goleada de Argentina a Arabia Saudita, nada más lejos de la realidad. Es cierto que a la albiceleste le cobraron muchos offside, uno de ellos erróneo (se dijo después). En síntesis: para ganar un Mundial tenés que ganarles a todos, a los rubios de ojos celestes y a los otros también.

No sé si lo dije en algún momento, mi candidato a campeón es Portugal, siempre y cuando Vitinha juegue todos los partidos. El volante del París Saint-German es único e incomparable con otro que haya visto. Es pequeño, envolvente y tiene una gran precisión en el armado del juego. Maneja los ritmos a su manera y es difícil de marcar porque corre todo el tiempo. A veces tiene cosas de Pirlo, aunque es más rápido; y de Mascherano, aunque es menos pica piedras. El resto del equipo es una suma de excelentes futbolistas que, además, se conocen. El técnico es bueno, Roberto Martínez, quien dirigió a Bélgica en Rusia-2018, sacando muy buenos resultados. Y también está Cristiano, el máximo goleador de la Historia del Fútbol, que con sus 41 años puede hacer de Roger Milla, el revulsivo camerunés de 42 que le complicó la vida a varios cuando ingresaba en Italia-90, incluida a Argentina.

Si hablamos de Cristiano hay que hablar de Messi también, del cual Jose Mourinho (vaya casualidad, otro portugués) dijo que por su manera de leer el juego, puede estar parado en la cancha si tiene un equipo que corra por él, dando a entender que no es involutiva su actividad en el fútbol de los Estados Unidos, relativamente inferior al del resto del mundo. Hoy Messi es un Bochini (pueden buscarlo si no lo conocen), un director de orquesta, un arquitecto, como dicen en Italia.

Sí, ya sé: el título del posteo iba por ahí. Pero vamos a esperar un poquito.

El fútbol de hoy tiene su punto crucial en la ocupación del espacio en comparación al fútbol que se jugaba en el siglo XX, con la única excepción de la Naranja Mecánica, selección holandesa de los setenta. También se puede tomar nota de otro deporte, como, por ejemplo, el básquet, para entender esta evolución del deporte en sí. Carlos Delfino, ex Generación Dorada del básquet argentino, hoy comentarista de la NBA en Italia, dijo en su último reportaje con Juan Pablo Varsky en Clank! que actualmente los entrenadores de la NBA tienen un tiempo preciso para poner a los jugadores en cancha, y no más de eso, para que no se lesionen, debido al ritmo, más alto que el de su época y mucho más que el de la de ídolos como Jordan o Magic Johnson (lo pueden buscar si no lo conocen). Aquí es donde yo encuentro un paralelismo (prepárense para leer esto…) entre lo que pasó en la visita de Japón a Inglaterra. No importa si ganaron 1 a 0. Lo que importa es que los nipones dominaron el campo por superioridad física y coordinación colectiva a un nivel que no sé si otra selección los supere (¿se imaginan si Bielsa fuera el técnico?). En Qatar 2022 superó a España y a Alemania, y hoy lo hace con el país dueño de la mejor liga del mundo. No con esto quiero decir que los japoneses tendrán una participación destacada en el próximo Mundial, porque el fútbol no es una ciencia exacta, como se dijo, y porque (se dijo también) cualquier rival te puede complicar.

Termino el posteo con los partidos del repechaje. Bolivia no podrá repetir la gesta de USA-94. Irak va a la Mundial (estando en guerra con Estados Unidos. Fin.). Todos los demás partidos fueron realmente electrizantes, con resultados ajustados, dos de ellos definidos por penales. Jugados la gran mayoría en simultáneo, me decidí por ver el Bosnia-Italia, definido por dos errores: el del arquero bosnio en el primer gol azzuro; y el de Bastoni, expulsado a los 41´ del primer tiempo por un cruce a Mecic cuando se iba solo de contra. La escuela de la barrida, de la cual los italianos son expertos, dice que al wing izquierdo se lo cierra con la pierna derecha, agarrando “abajo” pelota y jugador. Bastoni fue con la izquierda, que por anatomía choca rodilla… Lo que siguió fue aguantar y contragolpear para Italia, y una catara de centros bosnios que los laterales del equipo de Gattuso no pudo detener, a pesar de los despejes de los centrales y de la buena noche de Donnarumma. Mi opinión sobre esta Italia es que recurrieron a Gattuso para inyectar anímicamente a una generación que no tiene nada que ver con la suya. Es la tercera vez que la selección de las cuatro estrellas no va al Mundial. En 2006 ganaron el último y  en las siguientes competiciones siquiera pudieron pasar la primera fase. Muchos podrán decir que hay que barajar y dar de nuevo, pero hace veinte años que están repartiendo las mismas cartas. Mi pálpito futbolológico es que de ahora en más afinarán la puntería con la nacionalización de inmigrantes. Como lo está haciendo Francia.

 

El Futbolólogo

viernes, 6 de marzo de 2026

 LÍO


«Yo me equivoqué y pagué.

Pero la pelota no… La pelota no se mancha.»

Todos lo perdonamos, por lo menos, los que lo amamos. Porque sabíamos que la mayor parte de esas actitudes reprochables eran producto de su enfermedad con las drogas. Su relación con adolescentes en Cuba ¿acaso lo diferencian de Epstein? Aquellas fiestas en la casa de Don Pepo, jefe de la camorra napolitana ¿sus manos no estaban manchadas de sangre? Los que lo debían cuidar, aquellos que vivían de sus milagros dominicales ¿Dónde estaban? ¿Con él, pecando?

Cuánta hipocresía hay en ser maradoniano, incluido yo. Ahora la grieta es que Messi le dio la mano a Trump, un gesto evidentemente peor que ¿el premio de la paz que le dio Infantino al mismo presidente?

Ordenémonos: lo de Messi es un desastre, no se entera de nada. Se pasa el día comprándole comida a los nenes y jugando a la pelota. Y su entorno es aún peor, no lee los diarios.

En segundo lugar, que Trump entregue un premio al campeón de la MSL es raro. ¿Hubo antecedentes de Obama o Bush? Por favor, búsquenlos. Así y todo, tanta risa con el presi… y entrar atrás de él ¡cuando el campeón sos vos y para eso te hicieron la reunión!

Tercero, ir a recibir un premio de un dictador es algo que te puede pasar. Passarella recibió la Copa del Mundo de las manos de Videla. Y eso no lo hace torturador o asesino –a Passarella, aclaro, por si no lo entendieron. Son profesionales. Hay un evento. El que lo organiza es el tipo más odiado de la Tierra… ok, sé ecuánime, hay chicos bajo metros de escombro, gritando para que los salven. Ellos no te vieron con Trump. Ellos te aman…

No dejemos solo a Leo. Se equivocó. Como Mascherano y De Paul –tampoco hagamos la vista gorda.

Maradona y Messi son exactamente iguales: genios dentro de la cancha; a veces reprochables afuera. Pero: ¿a uno lo perdonamos y al otro no? No es justo.

Diego se equivocó y pagó. Leo debe tener un gesto. Darle la mano al Diablo te mancha de por vida, queda visto. Hace falta pedir disculpas –y mucha agua bendita.

Porque hay gente ofendida, que no es gorila ni mandril. 

Sino gente que quiere vivir en paz.


El Futbolólogo