lunes, 13 de mayo de 2019


Ocho grandes 8 del fútbol argentino
LA BRUJITA VERON


En los años ochenta hubo una telenovela que rompió récords. Vista con los ojos del hoy, Amo y Señor no podría ser un éxito por contener escenas de violencia de género. Su punto erótico era la cachetada que Alonso Miranda le daba a Victoria Escalante. Por ese dislate Arnaldo André y Luisa Kuliok pasaron de ser dos actores más a convertirse en la dupla Bogart–Bergman de Latinoamérica. Los hombres ochentosos se inflaron viendo ese domador de rebeldes mujeres. Las chicas de la época lo odiaron, pero lo soñaron.

La historia del fútbol dio grandes amo y señores. En la memoria se me pierde el periodista que dijo que «la pelota amaba a Pelé.» Seductores rústicos, todos ellos hicieron de un deporte de domingo la novela varonil.

Con las medias bajas, en Argentina, Italia o Inglaterra, Verón cacheteó la redonda a lo largo de veinticuatro años. Armado de una coraza estética que incluía barba candado, pelada y camiseta afuera, verlo fue como mandar a un hincha a ponerse los cortos. Dentro de esa piel de león supo esconder a un gato sensible, andrógino, de afilados zarpazos. 

Jugó al lado de Maradona y de Messi; fue dirigido por Bilardo y por Menotti. En su primera parada ascendió con Estudiantes de La Plata. En Italia formó parte del mejor Parma de la historia (campeón de la UEFA 98/99), de la mejor Lazio (cuatro títulos en un año), del Inter multicampeón de los argentinos. Pero si me dan a elegir una temporada suya, me quedo con los dos años que estuvo en el Manchester United. El equipo de Fergunson había subido a muchos jóvenes del semillero. Allí Verón revivió su primera etapa en Estudiantes. Aquel equipo tenía un juego largo que jamás había visto y que jamás volví a ver. Sir Álex lo pidió para ponerlo al lado de Scholles, con Giggs y Beckham a los costados. Arriba van Nistelroy remataba todo lo que le tiraban. Varios años después le preguntaron quién sería el mejor compañero para levantar un partido difícil y no dudó en elegir al colorado Scholles.

Juan Sebastián nació mientras su papá Juan Ramón dormía en la concentración de Estudiantes antes de jugar el clásico platense. Súpercrack, campeón de tres Libertadores y una Intercontinental, le dejó al hijo levantar la cuarta copa. Fue un regreso soñado tras diez años de romperla en Europa. En la final del Mundial de Clubes de 2009, el Pincha le hizo partido al mejor equipo de la historia, el Barcelona de Pep Guardiola.

Siendo prácticamente un sub-23 fue titular de Argentina en Francia-98. De él escribió el técnico Passarella en el Libro de Oro del Mundial: «Tiene un juego envolvente. No se lo puede ajustar a un puesto fijo porque pierde la dinámica y el contacto con la pelota que son sus mejores virtudes. Sabe acelerar los ritmos. Buena pegada. Personalidad.» En Corea y Japón-2002 el equipo no pasó la primera ronda y una derrota frente a Inglaterra, cuando él todavía era jugador del United, lo puso en el ojo de la crítica. Esa situación, algunas lesiones y una supuesta pelea con el capitán Juan Pablo Sorín, lo alejaron de la nacional. Basile lo convocó para jugar la Copa América-2007, en la que Argentina, con un cuadrazo, perdió la final ante Brasil. A pesar de la renovada crítica por esa ambigüedad con la albiceleste, su rendimiento convenció a Maradona de llevarlo al Mundial de Sudáfrica-2010, el tercero de su carrera. Allí Argentina se comió una goleada alemana en cuartos de final con La Brujita en el banco. Inexplicable.

Probablemente poner a Verón por encima de Brindisi en un rancking de los ocho grandes 8 del fútbol argentino sea una locura, lo mismo que excluir a J. J. López y El Charro Moreno. No obstante, ninguno de los mencionados jugó tres mundiales como él (pudiendo ser cuatro), fue figura en todos sus equipos y llegó a ser el pase más caro del fútbol inglés de la época, siendo que, llamativamente, el club al que su papá le marcó un gol intercontinental fue el que lo quiso. Todos sabemos que es la pelota la que hace al jugador y no al revés. Ella elige quién será su amo y señor, para quién serán las caricias y para quién la escena de la cachetada. 




El Futbolólogo

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