Ocho grandes 8 del fútbol argentino
MIGUEL ANGEL BRINDISI
En los años noventa subí varias veces la cuesta del Tiro
Federal, club de Baradero donde nos juntábamos los pibes de
clase media-baja. Tal fatigosa empresa tenía de premio un espectáculo vibrante.
Cuando la noche se convertía en lobo, un grupo de muchachos jugaba el partido del
siglo en la cancha de la Escuela Industrial. Eran los Heavy Metal, también
conocidos como Los Termiche, quienes okupaban el predio accediendo por un
agujero del alambre tejido.
Una noche de parranda coincidí con uno de los
protagonistas, el Pato Yoresia, quién ya no está entre nosotros. Este corazón
de dos metros era entrañable como una abuela, pero si se enojaba mejor no estar
en el lugar. Después de pacificar una pelea con su amigo Cuca, pudimos hablar
de fútbol y ahí le comenté que me quedaba viéndolo jugar en la Indu. Como premio
por mi admiración me confesó que él era un 8 como Brindisi.
Era natural que muchachos de su edad, tipos nacidos en
los sesenta, admiraran a Miguel Angel, una mezcla de Redondo con
Batigol. A un toque era más vistoso que Sócrates y a dos, que el mismísimo Didí.
En el fútbol sudamericano de los setenta, que se jugaba a otro ritmo respecto al
de Europa, Brindisi fue uno de sus mejores intérpretes, tanto que en una
encuesta de El Gráfico a veinte periodistas, allá por el ´73, dentro de los cuales
solo había cinco argentinos, ganó el podio con 17 votos.
Asociado con el fútbol de Menotti, ese mismo año fue
campeón con Huracán de Parque Patricios, equipo comparable al Barcelona de
Guardiola o al Brasil de Telé Santana. El título catapultó al DT rosarino a la selección nacional. Después del fracaso del Mundial de
Alemania, en el que Miguel participó junto con otros cracks de la talla de
Perfumo, Kempes o Housemann, Menotti armó un proyecto serio que extrañamente no
incluyó al que para muchos fue el mejor 8 del fútbol argentino.
Esperando la revancha, perdió tres oportunidades de irse
al exterior en un tiempo en el que el jugador local tenía más chances que el de afuera. Carlos Bianchi
fue otro caso parecido, un súper goleador que casi no usó la albiceleste. Luego
de un infructuoso pase a la Juventus, recaló en La Palmas de España en el año
76.
Después de ir como estrella y fracasar en el Mundial-74 y
perderse la revancha en Argentina-78, tampoco disputó la Copa de España-82, siendo
que un año antes había salido campeón con Boca en una recordada campaña en la
que formó un tándem goleador al lado de Diego Maradona. No obstante, la AFA lo
premió incluyéndolo en la mejor selección argentina de todos los tiempos, con
Fillol, Zanetti, Perfumo, Passarella y Tarantini; Redondo, Maradona, Messi,
Batistuta y Kempes.
En el año 2000 el Diario Clarín lo incluyó en el mejor
once del siglo XX: Fillol; Sosa, Perfumo, Passarella y Marzolini; Brindisi,
Rossi y Maradona; Housemann, Batistuta y Kempes. Desde un punto de vista
futbolológico, me quedo con este segundo reconocimiento. Miguel Angel no jugó
muchos partidos en la selección, como sí lo hizo el Cholo Simeone, aunque su
calidad genere esta controversia.
De fútbol electrizante, directo y capacidad goleadora sin
igual para su puesto, era de defender poco. Se había iniciado como arquero,
pero por falta de un delantero probó de 9 en inferiores y no usó más los
guantes. Tenía tanto gol que hasta llegó a usar ese número en Boca. La Federación Internacional de Historia y
Estadística de Fútbol lo ubica 13° en el rancking histórico de
mediocampistas más goleadores, incluso por delante de genios como Baggio y Platini. En primera
división ocupa el 11° puesto, casi como un delantero. Alto, fuerte, elegante,
goleador, único… Miguel Brindisi fue un 8 de época, inolvidable ídolo de tribuna,
de forofos especializados, periodistas, Heavy Metals y Termiches.
El Futbolólogo





