viernes, 11 de enero de 2019


Ocho grandes 8 del fútbol argentino
EL GRINGO GIUSTI

Un buen ejercicio para entender este post es buscar en Youtube el partido entre Holanda y Brasil por el Mundial-74. Típico de esos años, se trata de un encuentro duro en el que la Naranja le dió un baile al último campeón del mundo. De ese partido quisiera destacar el papel de Rivelino. Como si se tratara de una paradoja, Brasil, que siempre hacía lo que quería con los rivales, terminó jugando a las patadas y el diez no paró un segundo de hablar con el árbitro, al que le ponía la mano al hombro con gesto de: “Perdónelo, es un buen chico…”

Hace algunos años Carlos Bilardo confesó que hacía lo mismo cuando era jugador de Estudiantes de La Plata. Entre sus tareas dentro de la cancha estaba la de ganarse al árbitro. Cuando un compañero suyo se portaba mal lo reprendía delante del colegiado en señal de colaboración y luego era él mismo el que se encargaba de dar la patada criminal al rival, al que le pedía disculpas inmediatamente, sabiéndose ganador de la indulgencia. Otro gesto imposible de olvidar era la automática carrerita de Passarella tras la pelota cuando se cobraba falta a favor o en contra, obviamente, no para dársela al árbitro sino para guardarla bajo el brazo.  

El fútbol es un juego para inteligentes, un campo de supervivencia donde el habilidoso solo se muere. Al poco tiempo de que Brasil recibiera su propia medicina en un Mundial, Newell´s Old Boys presentó al 8 más inteligente que ví, con perdón de Simeone, al que tal vez pondría a la par.

Parado frente al balón para que el rival no saque rápido o comandando el cierre de los partidos, Giusti es la historia del fútbol nuestro en varios aspectos. Hablar de sus sacrificios para llegar a primera sería robarle a la sección 100x100 de El Gráfico su mejor nota. Sabemos que debutó al lado de Gallego, otro hijo adoptivo de Griffa, y en ocasiones compartió plantel con Mario Zanabria, gran ídolo leproso. Giusti, Gallego y Alfaro integraron la Cuarta especial de Newell´s, donde también jugó Bielsa.

Pocos años después se fue a Argentinos Juniors para jugar al lado del mejor Maradona de todos, según voces calificadas. Allí cosechó una amistad que se prolongaría en el tiempo. En 1980 pasó a Independiente para asistir a otro genio: Ricardo Bochini. Entre ellos dos la descosía Marangoni y delante suyo Burruchaga, inaugurando el puesto de cuarto volante, mezcla de enganche con mediapunta. Ese equipo de Independiente ganó el Campeonato del ´83 mandando a Racing a la B en la última fecha con gol de él. 

Con un fútbol refinado y corajudo, vencieron al año siguiente en la final al último campeón de la Libertadores, el Gremio de Brasil, y anticiparon en Japón los cuartos del Mundial-86 en un partido ante el Liverpool, apenas dos años después de la Guerra de Malvinas. Como dato cabulero, ese cotejo lo dirigió Romualdo Arppi Filho, el mismo árbitro de la final de México.

En 1986 fue los ojos de Bilardo dentro de la cancha, de lejos el futbolista que mejor entendía su idea. Luego de ganar el Mundial y el Campeonato de primera división del ´89 con Independiente, llegó al Italia-90 en estado de avería. Su participación en los dos partidos más importante de la Copa, frente a Brasil e Italia, fue fundamental para que Argentina llegase a la final. Sancionado igual que Caniggia, todos concuerdan en que la presencia de ambos en la definición del torneo podría haber torcido las cosas para que la AFA ganara una estrella más en su escudo.

Supervisor de todas las facetas del juego, vuelvo a repetir que solo vi en Simeone una porción del jugador inteligente que fue Giusti. Pero tras ellos dos no conocí otro líder silencioso en el puesto capaz de cerrar un partido o manejar el nivel de energía del mismo. Quizás Enzo Pérez tuvo un cromosoma como mucho. Pero por mucho que se los compare, solo queda esperar el día en que un Gringo de las pampas aparezca para armar otro equipo ganador.




El Futbolólogo

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