CAMBIO NUESTRO CEREBRO
Hace poco escuché a alguien decir que nuestro cerebro había cambiado, que la IA nos había llevado a una relación directa con la realidad. Lo que antes era especulación, imaginación, pregunta, hoy se resuelve con un click. Hay tutoriales, montones de enciclopedias libres, software libre...
Tampoco vemos un video a la velocidad normal. Adelantamos películas, series en Netflix, audios de Whatsapp… Vamos a otro ritmo.
Si yo revelara quién dijo la frase de inicio, el
algoritmo posicionaría al lector del lado derecho o izquierdo del autor. Todos nosotros
somos un algoritmo. Lo éramos antes de la revolución de las redes. Lo único que puedo
adelantarles es que el personaje en cuestión es un consultor político, que está escribiendo ahora mismo un
libro sobre cómo cambió la política a partir de la dictadura del algoritmo y la
inmediatez.
Las redes sociales también son otro elemento que nos ha
cambiado el cerebro. Vivimos nuestra vida (la de carne y hueso) y la del celular
(llena de filtros). Es decir, vivimos “dos vidas” cuando apenas tenemos tiempo
para una sola.
En ese contexto, como diría Milei (-algoritmo-), un
director técnico de fútbol tiene que bajar una línea de juego y conseguir un
resultado en dos o tres días. Y, por si esto fuera poco, convivir con el periodismo que va a un ritmo vertiginoso buscando la noticia inmediata (que inmediatamente
deja de ser noticia), contagiando al hincha de toda la
ansiedad que provoca ver la pantalla y creer que todos piensan como él. O sea, metafóricamente hablando, nuestra construcción
de la realidad es hoy lo más parecido a querer hacer un largo en una pileta municipal de niños.
Si no hay tiempo para elaborar una idea (futbolística,
política, de la vida…) nunca aprenderemos a hacer un largo y, menos aún, a nadar en lo hondo.
Como se imaginarán, todo esto tiene que ver con la renuncia de Gallardo, un técnico que debió remar entre patadas y brazadas de niños que prefirieron nadar en lo playito. Su salida abre un abismo para el hincha de River, equipo que, lógicamente, caerá en el mismo bucle en el que cayó el Boca de Riquelme, o Boca post-18.
Solari, Aimar, Crespo, Coudet, Holan
y Sampaoli se candidatean como los sucesores. Cualquiera puede dirigir porque son
hinchas de River y porque River les puede pagar. Igualmente, creo que de todas las opciones me quedaría con la de Crespo (y aplazaría la de San Paoli a lo más lejos posible), porque me parece necesaria la transición moderada antes que la terapia de shock.
Vivir en la inmediatez no nos deja ver lo más importante: que la renuncia de Marcelo también significa el fin de la Era Gallardo, solo comparable a la Era Bianchi o Scaloni. Y como “Todo pasa” (frase de Julio Grondona) la congoja terminará apenas se juegue la Finalísima de la selección ante España el 27 de marzo. Mientras tanto, el periodismo hará todo el análisis playo de la cuestión, sin profundizar en nada. Porque nuestro cerebro cambió. Como dijo Durán Barba.
El Futbolólogo

No hay comentarios:
Publicar un comentario