BOCA EN LA CRUZ ROJA
Boca es la Cruz Roja de los lesionados, de los expulsados.
Boca es la Cruz Roja de la mala suerte, del desangrar de un proyecto que parece
tener caducidad, no para los hinchas de Boca, sino para los defensores del modelo
nacional y popular. Esta última afirmación es la gran incógnita del mundo, mucho
mayor que saber de dónde venimos y hacia dónde vamos: se trata de si los clubes seguirán siendo de la gente.
Todo esto tiene su explicación. El proyecto Boca, desde que
Riquelme llegó con Ameal, se parecía un poco al proyecto Barsa. Sí, aunque
usted no lo crea. Boca predio era la Masía. De allí salieron Brey en el arco;
Di Lollo, Anselmino, Valentini y Barco; Medina, Varela y Equi Fernández;
Langoni, Vázquez y Ceballos. La defensa y el mediocampo son de selección. De
los once tres se fueron bien (Anselmino, próximo refuerzo del Chelsea, Varela
al Porto y Vázquez al Anderlech), tres mal, o más o menos mal (Barco, Valentini
y Equi Fernández) y el resto tienen ofertas.
El 25 de noviembre de 2012, en el Estadio Ciutát de
Valencia, Dani Alvez salió sustituido a los 14 minutos del partido que Barcelona le ganó 4 a 0 al Levante. Su reemplazo fue Martín Montoya, formado en
la Masía. El resto del equipo: Valdéz; Piqué, Puyol y Alba; Xavi, Iniesta,
Busquets y Fábregas; Messi y Pedro. Todos made in Barsa, algo que no he
chequeado, pero creo que no se dio nunca. No obstante, a diferencia de lo que
pasa en el fútbol de La Rivera, los catalanes no tienen esa imperiosa presión
por vender, generada a veces por las ofertas imposibles de rechazar, otras, por
la intención de los propios jugadores de irse a hacer experiencia o caja afuera.
No pudiendo armar un muy buen equipo de canteranos, como
dicen España, o del semillero, como decimos acá, Boca tiró de jugadores de
“experiencia”, a saber: Romero, Rojo, Lema, Advíncula, Cavani, Benedetto (en su
momento) y (ahora) Medel. Cualquiera que haya visto un partido sabe que el único que
no aplazó fue Cavani, quién, además, mejoró sus números. El resto, o no llega
físicamente o juega “sin contexto”, como diría Luquitas Rodríguez. Entre medio
de ellos, Blanco, Pol Fernández, Zenón, Merentiel y (ahora) Giménez hacen lo
que pueden para sostener un equipo de viejas glorias que ya no están para impedir
los goles y de chicos que se van. Eso es Boca hoy: un equipo
que no puede sostener al técnico Martínez.
Entonces: ¿Qué queda para que el proyecto Nac&Pop de Riquelme no se caiga? A esta altura, solo la suerte. Porque no hay plan de salida para esta crisis, ni aún echando al técnico. Boca podría haberle ganado tranquilamente a Cruzeiro, equipo pobre, como todo lo que presentó la Sudamericana, incluido el equipo del que estamos hablando. El hincha xeneixe creyó que levantando la Copa podía soñar con otra Superfinal ante River, si ganaba la Libertadores, cosa posible. Pero no habrá nada, solo un Mundial de clubes al cual accede porque el fútbol es un negocio.
Boca se desangra y el León y el
Gato huelen sangre. Azzaro, Duka y Ladaga podrán ponerle curitas desde la red. Pero las SAD están en la puerta y el Chavo Fuks tiene medio prendido el tres tiros.
El Futbolólogo
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