jueves, 16 de julio de 2026

 THE WINNER IS


Argentina y España estarán en la final del Mundial-2026, lo que significa que el mundo sigue siendo un campo de compensaciones. El fútbol le ganó a la política. La guerra de Irán pudo quitarnos la posibilidad de ver la Finalísima de Qatar por unos meses, dado que el campeón de Europa y de América se enfrentarán el domingo en Nueva York.

Antes de dar el veredicto sobre quién es el ganador, vamos a repasar brevemente cómo se dieron las semifinales.

España – Francia:

La tormenta eléctrica a la que se referió Alfaro se quedó sin corriente. España cortó el cable de comunicación entre la sección defensiva y la delantera. El equipo de Deschamps no tuvo ni posesión ni contragolpe. Si estuviéramos hablando de biología, España fue neuroplástica en la media cancha, esa capacidad del cerebro de regenerarse, recuperando circuitos neuronales perdidos, lo que, traducido al idioma fútbol, significa que los roles fueron más importantes que los puestos. Solo Rodri, columna vertebral del equipo, tuvo cierta ubicación. Así La Roja convirtió el 4-2-3-1 Bleu en un 4-2-4 partido en esa cintura de guitarra ocupada por Rabiot, Tchoumeni y sus respectivos recambios, a los cuales el comando técnico abandonó a su suerte. Si el equipo ibérico ganara la Copa del Mundo, Deschamps podría presumir el palmarés de haber perdido siempre con el campeón desde que debutó en el torneo de Brasil-2014.

Argentina – Inglaterra:

“El fútbol es un deporte en el que juegan 11 contra 11 y siempre gana Argentina.” Esa será la nueva frase de Gary Lineker. Otra vez el 4-2-3-1 afuera, sistema que solo le sirve al PSG. Sin la movilidad de los españoles, Argentina tuvo dificultades para salir de su arco a inicios del partido, inclusive después del 1 a 0 marcado por Gordon. En medio, Anderson recibió una amarilla que lo condicionó todo el partido. Salvo los “históricos” y el anotador del gol, Djed Spence fue el único que entendió lo que era un superclásico, incluido el entrenador Tuchel, demasiado pendiente de Messi. Lio, que tiene tres, cuatro o quizás cinco sentidos más de lo normal, descifró el operativo del ICE británico y se clavó en la punta del área, zona donde, como diría Valdano, el lateral no se anima a cerrarse, el central a abrirse ni el 5 a bajar. Desde ahí partieron las dos asistencias para los goles de Enzo Fernández y Lautaro Martínez (la segunda con la de palo) con que la Scaloneta dio vuelta el marcador en el partido más vibrante de la competición.

El ganador:

Luis de La Fuente Castillo fue el preparador de los chavales españoles desde el tiempo en que pateaban los córneres sin llegar al punto penal. El mismo riojano recibió en noviembre de 2017 a Lionel Scaloni para realizar el curso de entrenador en Las Rozas, Madrid. Todo lo que ustedes ven en España y en Argentina es su obra, en el campo y fuera de ella, en la comunicación convencida y templada de los protagonistas. En tiempos de frenética locura, de La fuente es un manual de ecuanimidad, valores y buena educación. Es estremecedor (puedo parecer exagerado, lo sé) cómo se dirigen hacia él todas las personas, desde periodistas a colegas, jugadores y colaboradores. Su corte de amabilidad y distancia es digno de copiarse. Creyente y fan de la filosofía estoica, tiene claro que la receta del éxito es rodearse de buena gente, disfrutar del proceso y mejorar, siempre mejorar. Puede parecer casualidad (o falsa metafísica) que el fuerte de los equipos finalistas sea el medio campo, y un plan de juego basado en la paciencia, que no es otra cosa que la ciencia de la paz, toda una lección para un planeta que vive en la era de los extremos.


El Futbolólogo

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