QUE NOMBRE LE PONEMOS
Boca y River se despiden del Mundial de Clubes. Traer a la memoria una sensación como la que se vive‚ podría recordarnos lo que pasó en 2002‚ cuando la selección de Bielsa no cruzó la primera ronda. Si bien aquel equipo llegaba como candidato‚ tras unas eliminatorias impecables‚ su partida significó apagar el televisor y perdernos de un campeón memorable‚ el Brasil de Cafú y Roberto Carlos‚ Rivaldo‚ Ronaldo y Ronaldinho.
La forma en que River y Boca atravesaron la competición fue diferente. Los Millonarios arrancaron con el que a priori era el rival menos ranqueado‚ Urawa de Japón‚ al que vencieron bien a pesar de lo parejo que fue el juego por momentos. En su segundo partido contra el Monterrey‚ el equipo del Muñeco perdió la contundencia inicial‚ aunque mereció ganar por generación de ocasiones. Y ese empate lo complicó para el último partido ante el subcampeón de Europa‚ el Inter de Milán.
La última compulsa evidenció la diferencia física‚ especialmente en el segundo tiempo. El campo se hizo largo y Martínez Quarta fue expulsado por ese déficit que tiene la defensa riverplatense en el retroceso. El recambio generacional se hace evidente en esa zona. Fue un momento clave del partido. La pantalla del estadio informaba que Monterrey le iba ganando a Urawa. Como diría el Duce Mussolini‚ era la victoria o la muerte para los de Gallardo.
Por su parte‚ el camino de Boca fue distinto como se dijo. Primero un empate con Benfica por no saber mantener un 2 a 0. Penal tonto de Palacios; gol de Otamendi en pelota parada (ampliaremos). Luego‚ el dentista: Bayern de Múnich; partido épico; derrota digna. Y para el final el blooper: victoria del Benfica y empate de Boca ante un equipo amateur.
Aunque pueda parecer raro‚ estoy de acuerdo con algunas declaraciones post partido vs. Aukland. El equipo neozelandés esperó con los once en el arco y el gol de pelota parada de Gray no debería ser tomado como algo demasiado grave. Yendo a la explicación por el lado contrario‚ como lo haría un faucaultiano‚ la selección argentina de Bilardo fue legendaria por su trabajo defensivo con pelota parada y recibió dos goles por esa vía en la final de México-86. Y si a esta cuestión‚ de que ya de por sí es complejo ser acertivo‚ le sumamos que Boca cambió mucho de técnicos –y por ende‚ de trabajos– como de jugadores‚ no habría tanta culpa de Russo‚ que recién llega‚ ni de los futbolistas. Porque siempre es más fácil practicar la jugada ofensiva que defensiva‚ sobre la cual solo hay dos opciones: o marcás al hombre o marcás en zona‚ y ninguna te da garantías. Eso con respecto a la pelota parada. Ahora hablemos un poco de cómo se ataca a un equipo que pone el acoplado en el arco.
El Barcelona de Guardiola‚ en su mejor versión (2008-2009)‚ no le pudo anotar gol a Chelsea en el partido de ida y ganó la vuelta en Stanford Breadge por el único gol de Andrés Iniesta‚ conocido como iniestazo‚ un remate sorpresa a quemarropas. Tampoco le ganó la vuelta al Inter de Mourinho en el Camp Nou la siguiente temporada‚ a pesar de haber jugado el segundo tiempo con diez. Claro que aquellos eran profesionales de élite y no amateurs. Pero el Barsa tenía a Messi. A esto podemos sumar que a Boca le va mejor jugar de contra que con posesión y que no tuvo a un gambeteador que hiciera la diferencia (Ceballos era el indicado‚ punto para el que lo criticó). En total fue un 75% de posesión‚ 82 centros y 40 remates‚ de los cuales solo nueve fueron al arco. El arquero de Aukland fue figura‚ junto con el maestro Gray‚ y a Boca le anularon un gol‚ hubo un tiro en el palo y el partido se suspendió por mal clima (tampoco la victoria de Benfica daba para motivarse).
El punto de la reflexión debería enfocarnos en lo difícil que resulta hacer una crítica cuando estas dos eliminaciones destapan la olla de ambos planteles‚ aun cuando a mediados de la fase de grupos tenían buena prensa extranjera. Las declaraciones de Guardiola y Luís Enrique‚ ponderando la riqueza del fútbol sudamericano –y su estilo– ayudaron a creer que no estábamos tan lejos‚ cuando lo auténtico es que el cuadro millonario necesita un recambio y el xeneixe también. Caso contrario‚ soñar con la vieja era de Russo y Gallardo‚ los últimos DT campeones de la Libertadores‚ sería más o menos como vivir en un fútbol de cuentos.
El
Futbolólogo
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