domingo, 27 de diciembre de 2020

 

Mi ídolo

COMITAS



La actualidad deportiva en épocas de covid es insípida. La ilusión de otra Superfinal entre Boca y River por la Libertadores es lo único que puede generar cierta expectativa. Sin público asistente, no habrá ni gas pimienta ni buses derribados, aunque sí campo neutral, el Estadio Maracaná. El más grande de Sudamérica estará semi vacío juegue quien juegue. Todo muy raro, no?

Es por eso que deseo hablar de viejos tiempos, de partidos sin VAR, de goles festejados trepándose al alambrado. Y para ello revivo a un jugador olvidado, a un delantero infernal.

El posteo anterior narraba que Maradona había despertado mucho entusiasmo en el chico de diez años que era cuando Argentina ganó el Mundial de México-86. Maradona y las revistas que pude conseguir siguiendo sus pasos. Pero poco tiempo después de esa gesta, apareció en Boca una figura anónima que se convirtió en ìdolo: Jorge Alberto Comas.

Tiempos eran tiempos y está bueno hablar de todo un poco.

Por ejemplo, aquellos equipos de la segunda mitad de los ochenta tenían un elenco estable. El River de Veira, el Racing del Coco Basile o el Boca de Lorenzo se presentaban con formación 4-3-3. El Independiente de Pastoriza, el Central de Zof y el Argentinos y Newell´s de Yudica, también. Esa vinculación de la gente con el once de memoria entusiasmaba. La escuadra xeneixe salía del túnel con Gatti en el arco; Abramovich, Higuaín, Musladini y Hrabina; Melgar, Carrizo y Tapia; Graciani, Rinaldi y Comas.

Como pasa con la política, a veces tu cuadro de fútbol también depende del hogar donde te criaste. Mi papá me hizo de  Boca porque en casa las mujeres eran de River y mi hermano mayor de Independiente. El club de la rivera tenía a Lorenzo en el banco, un tipo farfullero, vivo. Lorenzo fue (para dar un parte significativo a la cuestión) una especie de Bianchi del final de los setenta, que ostentaba dos campeonatos, un subcampeonato de la Libertadores y una Intercontinental. También había ganado torneos con San Lorenzo, con la Lazio de Italia y hasta había llevado al Atlético de Madrid a jugar una final de Europa. Su regreso generaba expectativas, pero el equipo, que ya fue nombrado, no. Sin embargo, aquel Boca de Lorenzo figura entre las leyendas sin títulos, salvo copas de verano.

Voy a empezar por ellas, con su escenografía sin revoque, con esa tele enorme de perilla a fondo. Aquellos torneos eran increíbles. Habían invitado al Colonia de Schumacher (arquero de la selección alemana que jugó la final del ´86), el Spartac de Moscú (con otro genio cancerbero llamado Rinat Dasáyev) y el Nantes de Francia, con Burruchaga y el Vasco Olarticoechea. Boca y River jugaban casi siempre las finales, partidos en los que aparecía Comitas.

El 11 de Boca era un jugador inclasificable a la vez que terrible. Bajo de estatura, un pelín encorvado, con el pelo corto adelante y largo atrás, tenía un algo de Kevin Keeghan, principalmente, su explosividad. Era intuitivo como Paolo Rossi, rústico como Barros Schelotto y de definir a un toque como Romario o el Kun, salvando las distancias. En aquella época los dos archirrivales de Argentina compartían el mismo sponsor en la camiseta: la marca de neumáticos Fate, con una ruedita al lado que hasta hoy se le llama “fate o”. Esa casaca de River y Boca es legendaria, probablemente porque los de Núñez habían ganado todo en el año anterior o, tal vez, porque esos equipos tenían unos huevos enormes. Los clásicos eran mortales, electrizantes, infartantes y en todos, o en muchos, Comas hacía goles.

Con cara de mexicano de bigote pelusa (fue ídolo en México también) que contradecía su necesaria presencia, fue el último jugador antes de Riquelme al que vi hacer goles olímpicos. Solo para principiantes, hacer un gol olímpico significa patear desde el tiro de esquina y meterla al ángulo, una parábola imposible, más si en el arco está Neri Pumpido, guardavalla campeón de todo con club y selección. El mismo Neri dijo de él en un reportaje que fue al delantero al que más temió, él, que tuvo a terribles monstruos en frente: "Comas (...) Me hizo goles de todos los colores, para Vélez y Boca. Le pegaba de cualquier lado y la pelota hacia unos efectos increíbles." (Revista El Grafico. 2005. Sección 100 x 100).

En tiempos de bilardismo, su participación en la selección fue pobre, contando solamente los Juegos Olímpicos de Seúl-88, donde formó tándem con Alfaro Moreno. Nacido en Entre Ríos como mi viejo, jugó en Colón, Vélez, Boca, Tiburones de Veracruz y se retiró en el club de su debut. Comas fue un ídolo indiscutido que jamás necesitó ganar un título para vencer al olvido.



El Futbolólogo


No hay comentarios:

Publicar un comentario